Taller “Libertad y límites en la crianza y educación respetuosas”

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Sábado, 12 de marzo

 

La libertad y los límites se entrelazan para tejer el nido en que criamos a nuestros hijos e hijas; los espacios que les ofrecemos para que se desarrollen con autonomía y seguridad. Conocer nuestra propia relación con los límites, cómo entendemos y experimentamos en nosotras mismas la libertad y la necesidad de seguridad, es esencial para aplicarlos con corazón en la crianza. 

En este taller, experimentaremos de forma vivencial nuestra relación con la libertad y los límites, y veremos algunas claves para poder aplicar las conclusiones en nuestro propio hogar, o espacio educativo. 

Horario: 10 a 14’30h

Lugar: Casa Escuela Caracoles, Sevilla

Dirigido a:  Madres, padres, y personas educadoras.

Imparte: Ana Martínez Acosta. Psicóloga, especializada en Infancia y Familia, Crianza y Educación Consciente. Terapeuta Corporal Integrativa.

Precio: 45€. Personas desempleadas, estudiantes y segundo miembro de una pareja, 35

Más información y Reservas : Envía un correo electrónico a anavuela@gmail.com, o llama al 654726184.

  • Inscripciones abiertas hasta el miércoles, 9 de marzo. ¡No te quedes sin tu plaza!

 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa. 

Educación y Crianza con corazón. 

 

 

 

 

El Síndrome de Pippi Calzaslargas. Sobre el amor, los límites y la libertad en la crianza respetuosa.

 

Tenía la casa más chula, el mono más chulo y el caballo más chulo del mundo entero.

Era y es el icono inconfundible de la libertad, la espontaneidad, la creatividad, la fuerza interior y la alegría desbordante.

Pintaba su casa como quería, se vestía como quería, comía cuando y donde le daba la gana, cocinaba disparates, dormía en cualquier sitio… ¡Pippi Langstrum molaba un montón!

… Y también, era una niña que vivía, comía, se vestía, cocinaba, y dormía… Sola.

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A lo largo de mi experiencia trabajando con familias, con diferentes tipos de estilos educativos y hábitos de crianza, he conocido padres y madres que, en pos de la libertad, la creatividad, la espontaneidad y el más profundo respeto por los procesos naturales de sus peques, los dejan tan libres, que… Los dejan solos.

No quiero decir con esto que yo esté, ni mucho menos, en contra del respeto por los procesos naturales, de la espontaneidad, la creatividad y la libertad de la infancia. Tengo el convencimiento profundo que un buen acompañamiento en la crianza, debe ser lo suficientemente holgado, como para dejar que todo lo bello y lo sabio que hay en el interior de nuestras hijas e hijos aflore. Y todo esto no es posible si la persona adulta está demasiado cerca.

Y también tengo el convencimiento, igualmente profundo, de que no es posible una crianza feliz, cuando la persona adulta está demasiado lejos.

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A veces, la línea entre la libertad y el abandono es tan fina, que nos cuesta verla. Y tenemos nuestra propia pelea interna con los (muchas veces) temidos límites… Confundimos autoridad con autoritarismo, protección con invasión, cuidado con sobreprotección Nos hacemos un lío, y dejamos a nuestras peques, creativas, espontáneas, libres… Y solas.

Respetar los procesos naturales es también estar atentas a las señales que nos mandan nuestros peques. Es conocer, en cada momento, cuáles son sus necesidades de apoyo, de protección y de cuidado; y brindárselas con todo nuestro amor y respeto. Y los límites, adecuados, bien colocados, bien aplicados; apoyan, protegen, cuidan… y miman.

Si no, ¿cómo íbamos a contener, a sostener, a arropar, a abrazar…? En el abrazo, nuestros brazos son límites, que contienen y arropan la emoción.

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Nuestra piel es el límite físico de nuestro cuerpo, y cuando nos falta, o está dañada, perdemos la barrera protectora de nuestro organismo: Cuando está demasiado seca, se agrieta y se resquebraja, luchando por dejar salir, o entrar, aquello que necesita intercambiar con el medio. Cuando la piel está sana, es flexible y permeable, permitiendo un intercambio saludable desde mi organismo, hacia el mundo.

Papá y mamá, o las personas adultas que están a mi alrededor, son esa piel que me contiene, me protege, me cuida; y que en una relación sana, es suficientemente flexible como para dejar pasar todo lo bueno que el mundo tiene para mostrarme, y todo lo bueno que yo tengo para aportar al mundo. 

Pippi Calzaslargas… No tenía piel.  

No tenía nadie que le dijera cómo hacer las cosas, qué comer, dónde dormir, o cómo vestirse. No tenía a nadie que le pintara la casa, nadie que le hiciera la comida, nadie que … Nadie.

Nadie a quien encontrar, cuando se cansara de pensarlo y de hacerlo todo a su manera, y necesitara un abrazo en donde descansar de tanta responsabilidad gigante que le había caído encima.

 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.

Familia, Educación y Crianza con Corazón

amapsicologia.org

 

 

¡Este cole no me gusta! Diez alternativas para hacer más feliz la educación de tus hijos.

 

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Criar con apego, con respeto, con consciencia, tiene estas cosas. De repente, después de haber cuidado de tu hija en un entorno familiar y cercano, durante el tiempo que las circunstancias lo hayan permitido, o hayáis considerado oportuno, llega el momento de llevarla al cole: La Educación, con mayúsculas, entra en vuestras vidas.

Y muchos de los conceptos, principio y sentires, que has estado aplicando, con más o menos éxito, en esa primera educación familiar de apego, se estrellan con más o menos fuerza, según los casos, con la realidad del sistema educativo actual.

Las circunstancias son muy diferentes, según la edad de los peques, según el nivel en el que estén ahora mismo (guardería, escuela infantil, primaria, secundaria…), según la comunidad autónoma, según el colegio, y (muchas veces, sobre todo) la persona que esté a cargo del aula de tus hijos.

Pero hay algo que no nos gusta. O mucho. Y nos ponemos a investigar, como ya hicimos a la hora de preparar el parto, o la alimentación, o el sueño; y nos damos cuenta de que hay muchas más personas, mamás, papás, profesionales de la crianza, educadores y educadoras; que tampoco están de acuerdo con muchas de las cosas que se hacen en la educación actual en este país.

De que existen alternativas y otras formas de hacerlo, que nos gustan mucho más, que nos resuenan mejor en el corazón… Y nos agobiamos.

Queremos cambiarlo todo, cambiarlo YA, y que el cole de nuestra hija nos guste tanto como ese finlandés maravilloso que vimos en aquel documental.

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¿Qué podemos hacer, si sentimos que no nos gusta nuestro cole, y sentimos que la educación de nuestros hijos sería mucho mejor de otra manera?…

Aquí os ofrezco diez propuestas, de mayor a menor nivel de implicación personal, que podéis tomar para hacer algo al respecto. Empiezo por las más comprometidas: Si no te ves en esa, pasa a la siguiente. Te garantizo que al menos una, está en tu mano hacer.

Espero que os gusten, que os sirvan, y que de una forma u otra, logréis sentiros más felices en el cole de vuestros hijos… Y vuestros hijos, también.

 

 ¿Qué puedo hacer para mejorar la educación de mis hijos?

cole61. Sácalos del cole.

Llévalos a otro que te guste más. O no lo lleves a ninguno.Hay muchas familias, cada vez más, que se dedican a educar a sus hijos en casa.

Necesita de una implicación personal muy grande: No estamos hablando de no educar, sino de educarlos tú misma, en casa.

Existen planes educativos, currículum, formas de homologarlo. Hay grupos de familias que se organizan para coordinarse en la educación, y se crean “aulas” virtuales, o no, en las que varios niños participan de las mismas actividades y encuentros.

Se llama Homeschooling, y por cierto, el autor del libro que aparece en la foto más arriba, Christopher Paolini, lo escribió con dieciséis años, educado en casa de toda la vida. (Os animo a leerlo, si os gusta la fantasía, ¡es bastante bueno! Hicieron una serie de pelis, también.)

  • Para saber más sobre el homeschooling y su situación en España, puedes                     consultar en la Plataforma ALE.

 

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2. Crea tu propio proyecto educativo.

Sí, es posible. La educación, hasta los seis años, es voluntaria en España. Los niños y niñas pueden estar o no escolarizados, y pueden asistir a donde los padres o tutores decidan.

A partir de los seis, la cuestión se complica, pero no es imposible. Existen muchas formas de asociarse, formarse, investigar, proyectar, conectar con la gente adecuada, encontrar espacios maravillosos; arremangarse, y hacer un sueño realidad. (Lo sé, lo he hecho. Se llamaba Tambora, y en la actualidad sigue funcionando, aunque mi hija ya no está allí. Nosotros seguimos, explorando otros puntos de un poco más abajo…)

 

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  1. Llévalos a una escuela alternativa.

    Hay muchas. En España, y en Sudamérica, cada vez surgen más escuelas infantiles con modelos educativos alternativos: Montessori, Waldorf, pedagogía activa, democrática, libre…

Como en el punto anterior, es más fácil (y más económico) encontrar escuelas para peques en edad preescolar. A partir de los seis, también puedes encontrar escuelas alternativas en algunas ciudades, con diferentes modelos educativos, que abarcan secundaria e incluso bachillerato.

En Sevilla, está creciendo el proyecto Educalibre Sevilla, para niños y niñas de seis a doce años.

Puedes mirar en Ludus, para investigar las más cercanas a tu hogar. Conozco muchas familias que han cambiado de vida y de residencia, sólo para estar cerca de una de ellas, y poder ofrecer a sus hijos esta educación.

-Si vives en Sevilla o alrededores, y quieres saber más acerca de las escuelas alternativas que existen en la zona, no te pierdas los próximos posts de AMApsicología, en los que nos asomaremos a todas ellas.-

 

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  1. Participa en iniciativas de cambio a nivel estatal.

    Infórmate. Decide. Vota.

    Esta es la alternativa más versátil, en cuanto a implicación personal. Desde formar parte activa de un partido político, y defender “desde dentro” tus intereses en materias de educación; hasta hacer click en una petición online como ésta, por ejemplo, en change.org, para racionalizar los deberes en la escuela.

    Existen múltiples formas de hacer oír tu voz: Manifestaciones, asambleas populares, asociaciones de vecinos, recogidas de firmas, plataformas reivindicativas

    Si desearías que una educación diferente, más cercana a tus valores en cuanto a la crianza, fuera una alternativa real; que estuviera al alcance de todas las familias, que no fuera “alternativa”, sino pública… Entonces, pídelo. Somos muchas las que ya lo estamos haciendo. Cuantas más, mejor.

 

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  1. Participa en el AMPA y el Consejo Escolar de tu colegio.

    Son los espacios de participación para las familias, tienes derecho a hacerte oír, y a participar en la toma de decisiones.

    Si deseas cambiar algunas cosas, exponer tu forma de pensar, intentar mejorar la situación del sistema educativo en el colegio de tus hijos, puedes hacerlo. La representación de las familias dentro del Consejo Escolar es de vital importancia para que realmente se las tenga en cuenta. Es ahí donde hay que expresarse, donde nuestra opinión cuenta.

Las AMPAs de los colegios realizan una labor maravillosa en su papel de unión       entre la familia y la escuela. Si tienes ideas, peticiones, proyectos, críticas… Utiliza este espacio, y hazlo crecer.

 

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  1. Habla con la profesora

    La gran mayoría de las maestras y maestros, son profesionales maravillosos, que han elegido esta carrera por vocación, y trabajan con ilusión por lo que creen. Tal vez no has tenido esa suerte con la profe de tu hija, o tal vez, a ella se le ha olvidado.

    Muchas veces, las circunstancias institucionales (como nos pasa a cualquiera en nuestro trabajo), nos van limitando, nos van quemando, y nos agotan la ilusión y la motivación por hacer o aprender nada nuevo.

    Muchas veces, olvidamos que las personas a cargo del aula de nuestros hijos son eso, personas, cada una con sus circunstancias personales, sus problemas y sus preocupaciones, humanas como lss tuyas.

Muchas veces, acercarnos de forma amistosa, dejando de lado nuestros posibles prejuicios, lo que nos duele, y entablar una comunicación más cercana al corazón, soluciona más problemas de lo que nunca podríamos haber imaginado.

Nos une, al fin y al cabo, lo más importante para las dos: Nuestros niños.

 

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  1. Queda con las familias de la clase

    … para hacer cosas juntos, fuera del horario escolar. Proponed excursiones o quedadas, más allá de los “obligados” cumpleaños. Un picnic en un parque cercano, una merienda en casa, una salida a la playa o al campo…

Hacer grupo con las familias de la clase ayudará a tu hijo a estrechar lazos con los compañeros, y a sentir ese entorno seguro y amigable también dentro de clase.

Y a los adultos, nos ayuda a compartir inquietudes, formas de pensar y hacer las cosas, y nos enriquece ver y mostrar, que tal vez otra forma, es posible. Tal vez, además, es una buena forma de acercarse al punto 5, de fuera hacia adentro.

 

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 8. Busca actividades extraescolares interesantes.

La educación no acaba en el colegio. Existe una amplia oferta de actividades, fuera del horario y del centro escolar, que también pueden formar parte de la educación de nuestras niñas.

Encontrad alguna que os motive, que muestre valores diferentes, con un método diferente. En Sevilla, podéis encontrar actividades maravillosas relacionadas con el arte y la creatividad, muchas veces en familia (Emocionarte, Canuca), con el teatro (TransCrea), o la danza (Danza con Salud, Danza en Familia en AMApsicologia), entre otras muchas.

Granja escuelas, clubes deportivos, ludotecas, bibliotecas, centros cívicos, escuelas de idiomas, agrupaciones de boy-scouts… Hay tantas ofertas como intereses.

Haced excursiones interesantes los fines de semana, o en vuestro tiempo libre: Teatros, museos, exposiciones, parques; el campo, el río… ¡el supermercado! El mundo entero es un gran parque de atracciones, listo para descubrir.

 

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  1. Educa con amor en casa.

    La vida de nuestros hijos va más allá del cole.

Existen las tardes, las noches, las vacaciones, los fines de semana. Y en cada uno de esos momentos, estamos nosotros, papás, mamás, familiares, amigos; que sí tenemos claro (más o menos), cómo queremos que sea el trato con nuestros peques. Aplícalo.

Si en el cole usan la “silla de pensar”, y no te gusta, no lo hagas en casa. Haz una “silla de los abrazos”, o una “silla de reírse”, y contrarresta.

Muestra a tus hijos que el cole es sólo una forma, un modelo de hacer las cosas, y que hay muchas más. Tendrá la riqueza de experimentar varias, y de ser libre de elegir con qué modelo quiere vivir su vida.

 

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 10. Deja de pelearte.

El mundo no está en tu contra. El mundo es, como es, y el cambio se da de a poquito, con personas como tú, que se levantan cada mañana pensando cómo hacer más feliz, al menos, a alguien.

Si lo que deseas es educar a tus hijos en el amor y la paz, comienza por practicarlos en ti misma, y en tu vida.

La lucha nos sirve para estar alerta. Para saber dónde queremos llegar. Pero si esa lucha se convierte en una pelea continua, que nos causa malestar, nos enfada, nos quita nuestra paz: Entonces, la lucha no estará sirviendo de nada.

Nadie puede controlarlo todo. Y hay veces, que lo mejor que podemos ofrecer a nuestros hijos, es el aprendizaje de ser feliz, a pesar de todo, por encima de todo. Se llama resiliencia, y es una de las mayores cualidades de la gente sabia, buena, y feliz.

No quiero decir con esto, que haya que dejar de luchar por lo que una quiere, considera justo, vibra con nuestro corazón. Quiero decir, que cuidado desde dónde luchamos: Desde el amor por lo que deseamos, o desde el miedo por no tenerlo. El motor de nuestro camino, estará muy unido al lugar donde llegaremos.

…¡Feliz viaje!

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.

Educación y Crianza con Corazón

http://www.amapsicologia.org

 

 

 

“Comprender para Acompañar”, formación en Duelo Gestacional y Neonatal

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Uno de cada cuatro embarazos termina en pérdida. 

Detrás de cada pérdida hay una familia que sufre el dolor de recibir la muerte, cuando esperaba la vida. A ese dolor hay que sumar, además, el tabú social de la muerte infantil y gestacional, a la que la sociedad no está preparada para asumir, ni visibilizar, ni integrar.. ni honrar.

Cada árbol genealógico está repleto de abortos y muertes prematuras, ramitas truncadas; que nos conforman como individuos y como familia, y nos hacen ser, también, quienes somos.

Conocer las especiales características de este tipo de duelo, además de adquirir las herramientas necesarias para sostener y acompañar a las familias que viven la muerte de un bebé, en cualquier momento de la gestación, o poco después de nacer; es fundamental para humanizar nuestra práctica profesional, y hacernos crecer como profesionales, y como personas.

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Dirigido a : Personas que deseen formarse en el acompañamiento al duelo gestacional y neonatal, ya sean profesionales, o no, relacionadas con esta temática. Psicólogas, matronas, enfermeras, médicas, ginecólogas, educadoras… Y estudiantes de cualquiera de sus ramas.

Horario: Sábado 13 y Domingo 14 de febrero, en horario de 10h a 20h, con descanso a mediodía para almorzar. 16 horas de formación.

Imparte: Noelia Sánchez, Trabajadora Social y Doula de Duelo, fundadora de Cor a Cor. Barcelona.

Organiza: Ana Martínez Acosta, psicóloga especializada en familia y crianza consciente, creadora de AMA psicología.

Lugar de realización: AMA psicología/ Casa Escuela Caracoles. Santa Clara, Sevilla. Calle Carabela Santa María, nº 30.

Cuota: 100

Inscripciones: A través del correo anavuela@gmail.com. Se ruega realizar la reserva de plaza antes del 1 de febrero.

Más información: 654 72 61 84 (Ana Martínez Acosta), www.coracor.es (Noelia Sánchez)

 

Calma, mamá…(Diez claves para educar desde el amor y el respeto)

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El mundo puede ponerse patas arriba.

La compra no está hecha, las camas sin hacer (camas? Ah, sí, debajo de esas montañas de ropa en diversos estados de limpieza, o camino de la desintegración…); el peque lleva siglos con mocos, y la mayor, por enésima vez, me la está montando porque no quiere el chaquetón ni a la de tres, ¡porras! ¡Si estamos a dos grados…!!!

Sí. Así es. Idílico por momentos, caótico por lo general.

Y encima, pretendemos ser mamás comprensivas,amables, respetuosas, cálidas, que que no suben la voz jamás, que se cortarían la mano antes de dar un “cachete a tiempo”. Nos hemos leído todos los manuales de crianza respetuosa, incluso de la que no lo es, para tener claro por dónde no queremos ir; asistimos a charlas, talleres; nos quedamos hasta las tantas, usualmente con algún bebé colgado de la teta, delante del ordenador leyendo a otras mamás que nos cuentan cómo, ¡¡Cómo!!!, se hace esto…

Bueno, no siempre es tan terrible. Hay momentos luminosos, bellos, en los que nuestra hija nos sonríe desde el corazón, y sabemos en el fondo de nuestra alma, que tan mal, tan mal, no debemos estar haciéndolo.

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…¿Y si no fuera tan difícil?

¿Y si hubiera una forma de criar a nuestros hijos con amor, con respeto, con ternura; y sentirnos bien dentro de este mundo de locos? (Y no hablo -sólo- del mundo de nuestra casa… Sino del resto del mundo, de puertas para fuera, que muchas veces parece confabulado en contra de nuestra confianza en la bondad del ser humano).

Yo tengo el convencimiento de que ninguna crianza con amor es posible, si no practicamos el amor hacia nosotras primero

Que sólo es posible una crianza con respeto, si nos respetamos, ante todo, a nosotras mismas

Que sólo habitando la calma, seremos capaces de transmitírsela a nuestros hijos e hijas. 

Que encontrando la forma de estar conectadas con nuestra esencia, con nuestra capacidad más pura de dar y recibir amor, todo lo demás fluye. 

Tal vez no nos haga tener el frigorífico lleno justo a tiempo, ni nos resuelva la colada, planchada y perfumada, bien ordenada en sus cajones correspondientes; ni consiga llevarse los mocos interminables, ni haga cambiar de opinión al termostato interior de nuestra hija… Pero miraremos todo esto con otros ojos.

Y, a pesar de todo, gracias a todo; nos acercaremos al sentido último de todo esto de vivir, y de dar vida… ¡Ser feliz!.

Teniendo en cuenta todo esto, escribí el artículo “Una crianza respetuosa comienza por un adulto tranquilo. Diez claves para conseguirlo”, publicado hace poco en otra página amiga. Deseando que os guste, y que os ayude a acercaros un poco más a la calma y la luz, os dejo aquí el enlace.

Y recuerda que… El poder para decidir cómo quieres ser, cómo quieres criar, cómo quieres educar…Lo tienes tú. 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.
Crianza Consciente, Vida Consciente
http://www.amapsicologia.org

Abundancia

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No siempre las cosas son fáciles.

No siempre fluyen las energías como desearíamos, como sentimos que necesitamos. Este pequeño texto, escrito hace unos años, en un momento que después resultó ser muy especial; es un homenaje a la abundancia. Un llamado. La aceptación del vacío, como condición indispensable para recibir lo nuevo. 

Este texto, escrito hace algunos años, surgió espontáneamente, justo el día antes de saber que estaba embarazada. 

Lo comparto, con amor. 

 

“A veces la abundancia es algo tan simple como poner el mantel bueno, cubriendo la mesa entera.

O abrir todos los cojines del sofá, y estirarse como si fuera una cama para dos en mitad del salón. O más.

A veces la abundancia es añadir un toque de canela a las albóndigas, o una hoja de menta en el té.

O, sencillamente, abrir esa mañana más los ojos, porque cuanto más los entrecerramos, más mundo queda cubiertos por los párpados.

 

Hay veces que encontramos la abundancia en la nada absoluta. En el silencio. En la penumbra. En la suspensión de los sentidos que provoca dejarse mecer, flotando, en la superficie salada de un mar sin olas.

En las tardes eternas de verano en las que las horas se desgranan en un vacío perezoso, cómodo de existir.

En el aire de las montañas que no trae sonido alguno.

 

En el privilegio de una habitación vacía.

De un lienzo en blanco.

De una hoja de papel

sin estrenar.”

 

Como las olas del mar, la abundancia llega cuando se retira aquello que ya no nos sirve.

El aprendizaje, muchas veces, está en saber cómo dejar ir, para recibir. 

Feliz año Nuevo…

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga
Crianza Consciente, Vida Consciente
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Mamá, ¿Existen los Reyes Magos?

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Todavía no.

Pero sé que, ni pronto ni tarde, cuando a mi hija le de por pensar, por atar cabos; y le desaparezca una pizca del velo de ilusión que le tiñe el mundo magia, nos hará la temida pregunta.

Habrá crecido.

Más de lo que nos imaginamos.

Me imagino la punzada de dolorcito, del paso del tiempo, que nos avisará de que la infancia va quedándose, poco a poco e irremediablemente, detrás. Y el orgullo, también, de sentir que nuestra pequeña se hace saludablemente grande.

Nos mirará con sus ojos infinitos de cielo, y querrá saber.

Tal vez no sea la primera vez que pregunte. Pero algo nos dirá, que esta es la definitiva.

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… Y me imagino…

Que la tomaré de la mano,

Y la llevaré fuera, a la ventana, a mirar el parque.

Es una mañana de Reyes, el sol ilumina sobre el frío de enero, y las familias han salido todas juntas, a disfrutar de los juguetes recién estrenados.

Le diré, “¿Qué ves, mi vida?

Y ella, me dirá, “Niños.”

Le diré, “¿Qué más?”

Me dirá, “Están jugando con sus juguetes nuevos”

… Cochecitos, muñecas, pelotas, patines, bicicletas, teledirigidos, peluches, walkie-talkies…

“…¿Y qué más?”

Seguramente, ella esté triste. Seguramente, no querrá seguir el juego…

Yo la ayudaré:

“Mira bien, cielo. Mira: Niños, niñas, juguetes… Y sus mamás, sus papás; abuelitos, abuelitas, titas… ¿los ves? Están allí, un poco más allá, ¿ves cómo los miran jugar? ¿Ves cómo se sonríen, cómo se aprietan la mano, suavito, como si ellos también, estuvieran celebrando un juego?

 

“Míralos… Seguramente, habrá muchos que trabajen largas horas, en algún empleo aburrido y cansado, para poder conseguir lo que están mirando esta mañana. Seguramente, te lo aseguro, muchos ni siquiera habrán podido conseguirlo ellos mismos, porque no tienen ni un empleo aburrido, ni un empleo estupendo, ni nada, y habrán necesitado de la ayuda de muchas otras personas para lograr esa sonrisa en sus hijas. Muchos de ellos no han recibido regalos, ellos mismos, porque no se podía para más… Y lo que había, era para los peques. O no, y lo han tenido fácil, fácil el comprar tanta ilusión y belleza, y hoy lo celebran mirando a sus hijos jugar, jugando con ellos, como todas las demás familias.

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Sea como sea, en cada una de esas casas, ha habido alguien que se ha levantado de madrugada, ha abierto un armario, o una caja en el trastero, o el maletero de un coche, y ha colocado, con todo su amor, un regalo en el salón de casa. Luego, han mirado las caritas de los niños dormidos, y se han emocionado soñando, ellos también, con la ilusión de la mañana siguiente. Da igual cuántas horas hayan tenido que trabajar antes, da igual los malabares que hayan tenido que hacer, o no, para lograr ese regalo, por pequeñito que sea… La mañana de Reyes será una mañana mágica, por ellos, y para todos.

…Me preguntas si existen los Reyes Magos, mi vida… Sí, existen. Mira bien: El parque está lleno de ellos.”

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Me imagino que lo entenderá. Más, o menos, pero entenderá que es un momento importante, también mágico, de ritual, de cambio.

Seguiremos creyendo en los Reyes Magos. Pero de ahora en adelante, ella tendrá, también, el privilegio y el honor de ser uno de ellos.

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga infantil y familiar

Crianza Consciente, Vida Consciente.

http://www.amapsicologia.org

 

Esta Navidad, regala a tus hijos lo que realmente necesitan: Sé feliz.

 

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Esta Navidad, puedes comprar regalos. Regalos caros, o regalos sencillos. Esta Navidad, puedes pasar más tiempo con los tuyos, darles más abrazos, visitar Belenes, o a Papá Noel en el centro comercial. Esta Navidad, puedes hacer colas interminables para patinar en el hielo, o ir a ver las luces en las calles, ir a visitar a los abuelos, hacer un gran viaje, o quedarte en casa.

Esta Navidad puedes hacer muchas cosas. O tal vez no tantas: Puede que acabes de ser mamá por primera, segunda o tercera vez. Puede que hayas tenido un parto complicado, o no, que tu nuevo bebé te ocupe todas las horas preciosas que te encantaría dedicar también a tus hijos mayores. Puede que tengas un trabajo que no te permita eso que parece tan complicado, “conciliar” la vida familiar y la laboral; puede que esta Navidad estés trabajando en los turnos que nadie quiere, precisamente porque eres mujer, y madre, y acabas de regresar de una baja por maternidad; y los demás te llevan la delantera. O que seas papá, y que tengas que hacer todos los turnos que nadie quiere, precisamente porque eres hombre, porque eres padre, y porque nadie más en casa puede compartir contigo la responsabilidad de llevar un sueldo a casa, para poder vivir.

Pueden… Tantas cosas.

Y en mitad de todas nuestras posibilidades, nuestro deseo más importante: Que nuestros hijos pasen la mejor Navidad del mundo.

Y por ellos trabajamos, o no, nos quedamos en casa, o no; compramos regalos, jugamos con ellos, visitamos belenes, papá noeles y luces de Navidad…

Y nos “sacrificamos” por ellos…

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¿Qué necesitan nuestros hijos de nosotros?

A nosotros.

Pero no un “nosotros” cualquiera. Un nosotros que sea capaz de transmitir la misma felicidad, que queremos para ellos. Que sea capaz de realmente estar ahí, cuando estemos, aunque sea un ratito antes de que despierte el nuevo bebé, o antes de que se acuesten ellos, al volver de trabajar. Que sea capaz de realmente jugar, y bailar, y sonreír, y abrazar… Desde el corazón, de verdad, sintiendo lo que hacemos.

Y para poder hacer esto, es mucho más fácil (yo no conozco otra manera…), siendo un adulto feliz.

No sirve de nada sentir que nos “sacrificamos” por nuestros hijos. Ellos no van a ver (solamente) la gran casa de muñecas que le hemos puesto bajo el árbol… …Van a ver nuestra expresión de cansancio, por todas las horas extra que hemos tenido que hacer, para poder comprarla.

No van a entender por qué estamos enfadadas, si nos hemos venido directamente del trabajo a casa, para pasar el máximo tiempo posible con ellos, sin tomarnos siquiera el lujo momentáneo de unirnos a las compis de trabajo, que se quedaban a tomar una copa o dos. Con las ganas (en realidad) que tenía de quedarme aunque fuera un ratito.

Y además, existe el peligro de creer, que ellos han de entender que sí, estamos cansados, estresados y refunfuñones, pero que lo hacemos por ellos. ¡No nos equivoquemos! A ellos no les sirve de nada eso. O sí, les sirve, para sentir el enorme peso de la responsabilidad, de ser (¡encima!) los causantes de nuestro cansancio (“¡Lo que tengo que hacer por ti…!” “Lo que tiene que hacer por mi…” Glups.)

Tal vez, una casita menos grande, una noche sin el besito de mamá; y una sonrisa desde el corazón, de un papá menos cansado, de una mamá más relajada (aunque sea a la mañana siguiente)… Serían un regalo mucho mejor.

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Un adulto feliz es una persona paciente. Un adulto feliz es una persona creativa, con ganas de jugar, de experimentar, de dejarse llevar. Un adulto feliz, es una persona que puede disfrutar del momento presente, con mucha más facilidad que un adulto infeliz, agotado, sin alegría.

Esta Navidad, podemos hacer muchas cosas. Y lo más grande que podemos hacer, es decidir qué queremos hacer con todo eso que tenemos. Con todo lo que nos rodea. Con nuestras circunstancias, mejores o peores, o incluso terribles… Siempre, siempre, tenemos poder para decidir cómo afronto, cómo me tomo, lo que me está sucediendo.

Y el regalo más grande que podemos entregar a nuestros hijos, en esta Navidad, y siempre, es decidir ser felices. Lo demás, llega solo.

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¡Ah! Viene entonces la gran pregunta, quizás…

…¿Cómo hago, para ser feliz?

Buen comienzo.

Bienvenida a ti.

(Tus hijos te agradecerán el viaje)

Feliz Navidad.

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Ana Martínez Acosta

 Psicóloga. Especialista en Crianza Consciente.
http://www.AMApsicologia.org

Comprender para Educar: Gestión Emocional para Educadores

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Términos como “Inteligencia Emocional”, “Educación en Emociones”, “Resolución de conflictos”… Están insertos en nuestro día a día como profesionales. Pero, ¿Sabemos realmente qué son las emociones? ¿Para qué sirven? ¿Cómo podemos ayudar a canalizar un enfado, una rabieta, una agresión? ¿Cómo gestionar estos procesos dentro de un grupo de niñas y niños?… 
Es complicado, muchas veces, dar cabida a los procesos emocionales de los niños y niñas, dentro de la dinámica de una escuela. Incluso, cuando esa escuela está enmarcada dentro de la pedagogía libre, contando con unas características que facilitan mucho este acompañamiento emocional; las personas adultas que cuidan de los procesos del grupo infantil, necesitan recursos, herramientas, y sobre todo, una formación personal, que les capacite para integrar este acompañamiento emocional en su día a día.
Con este taller de formación, se pretende tomar una mayor conciencia sobre los procesos emocionales en los niños, y la importancia para el desarrollo de los mismos, y del grupo; que tiene saber acoger estos procesos, sostenerlos, acompañarlos, y ayudar a gestionarlos de forma constructiva: Desde el respeto y el amor.
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Bienvenida, Tristeza

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¿Qué tememos de la tristeza, que la huimos, la rechazamos, la disfrazamos, la negamos, la dejamos escondida, bien dentro, donde nadie (ni nosotras mismas) pueda verla…?

Esta semana os dejo un pequeño relato, de reconciliación con la tristeza, de apertura a sus mensajes. Deseo lo disfruten, triste o felizmente: Lo que sea que haya, bien estará.

Abrazos de luz!

tristeza

Bienvenida, tristeza

“Este instante.

En el que pienso escribirte una carta explicándote lo triste que, de repente, sin ninguna razón, me encuentro.

Y decido entonces aceptar mi tristeza, abrazarla, y sentarnos juntas a observar qué ocurre.

¿De dónde has venido, tristeza?

De muy lejos, me responde ella.

Estás cansada, ¿verdad?…

Sí, me dice.

Y se quiere vestir de muerte, para asustarme, para hacerse ver más todavía; para que no me olvide de ella, para darse importancia, para que la mire.

No hace falta que hagas eso, tristeza. Mira, ya estoy aprendiendo a mirarte sola. Te miro, te hablo, te escucho, escribo sobre ti. No hace falta que te disfraces de miedo y muerte. No es necesario que me amenaces: Ya te veo. Y está bien así; tampoco hace falta que te justifiques.

Simplemente, estás aquí, conmigo.

Ah, porque… No te equivoques: También sé que tú no eres yo.

Así que siéntate a mi lado

pero no encima mía.

¿Estás más tranquila?

Está un poco perpleja, quizás, me parece. Se ha quedado sin habla… Ah, no, espera: Mi tristeza no tiene boca para hablar. Tiene unos ojos grandes de agua… Es hermosa, mi tristeza.

Le acaricio el pelo. Largo, lacio, oscuro. Otra vez quiere darme miedo. ¡Qué cercana está del miedo, esta tristeza mía!

¿Será que me estoy confundiendo, y es miedo y no tristeza, lo que hay?

 

Tristeza se instala en mi pecho.

Ahí, justo en el medio, como una hija buscando consuelo en el regazo de una abuela.

Y sube por la garganta, hasta los ojos, y sale salada como un mar minúsculo en forma de lágrimas.

Ahí está, agarrada a mi pecho, a mi cuello; es ella la que tiene miedo, y no se quiere soltar.

Es inútil preguntarle por qué está aquí.

¿Acaso sabemos nosotras por qué existimos?…

Quizás pueda preguntarle con quién ha venido. Qué hermano mayor, qué pensamiento, la ha traído de la mano.

Y la mente se pone de contenta… ¡por fin va a fijarse en mí! ¡Ya era hora, deja de mirar para abajo, no te das cuenta de que las emociones bailan adonde Yo las lleve?!

Ah…. mente, mente, mi vieja amiga.

No te pongas ahora tú el traje de importante. No quieras asustarme con esa careta de amenaza. No pasa nada, ¿ves?, también me siento contigo. Hala, ya está, cada una a un lado.

Tristeza, mente, aquí estamos las tres.

Porque sí, es cierto: Yo no soy ninguna de vosotras.

Y no siendo ninguna de vosotras es como puedo veros. A mi lado. Y tomaros de la mano, y no dejarme llevar por vosotras, y no ahogarme en el torbellino de vuestra danza loca.

O si, cuando así lo decida; pero cuando lo decida yo.

Hoy no quiero bailar. (¿O sí?)

Hoy quiero veros, respirar con vosotras, daros vuestro espacio y permitíos caminar a mi lado, si os apetece acompañarme.

No voy a correr para dejaros atrás. Hoy no.

No voy a mirar hacia otro lado.

Sé que entonces sólo conseguiría que os pusierais todos vuestros trajes, que mente me acribille con pensamientos, que tristeza se aúpe en ellos y se asuste, y se agarre más fuerte a mi pecho; y todo eso no es necesario.

Tristeza, eres hermosa. Te miro y te acepto. Es cierto que yo no soy tú. Y también que eres parte de mí. Que eres, como la mente y el miedo, compañera mía.

Y si hoy quieres venir a visitarme, bienvenida seas.

No voy a luchar contra lo que quieras enseñarme.

Muéstramelo.

Aquí estoy, dispuesta a recibirlo.”

 

movil Ana Diciembre 2015 027
En los niños, es importante validar todas sus emociones, y dejarles también su espacio. Los adultos tenemos la tarea de aprender a aceptar las nuestras, para poder aceptar y acompañar las de ellos.

 

Ana Martínez Acosta

Psicóloga, especialista en Infancia y Familia.

Crianza consciente, Vida Consciente.

http://www.amapsicologia.org