Taller “Una crianza respetuosa comienza por un adulto tranquilo”

¡AFORO COMPLETO PARA EL DÍA 7 DE MAYO! Se abre una segunda edición del taller para el MIÉRCOLES 16 DE MAYO. ¡No te quedes sin tu plaza!

Taller para padres, madres y personas educadoras

“UNA CRIANZA RESPETUOSA COMIENZA POR UN ADULTO TRANQUILO:

CÓMO CONSEGUIRLO.”

Claves para desarrollar la tranquilidad necesaria para criar con paciencia y amor.

¿A quién no le ha pasado, después de leer mil libros acerca de la crianza y la educación respetuosa, que perdemos la paciencia y todos nuestros buenos propósitos se nos derrumban en un momento? Lo primero que necesitamos para criar con respeto y amor, es estar bien nosotros mismos, y a partir de ahí, todo lo demás.

En este taller, veremos las claves más importantes para gestionar el estrés que produce la crianza, desarrollando una mayor tranquilidad; y cómo podemos aplicarlas a nuestra vida para que den un resultado efectivo.

Aprenderemos a tener a punto la herramienta más importante en la educación de nuestros hijos: Nosotros mismos y nuestras emociones.

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Dirigido a padres, madres y personas educadoras, de niños de cualquier edad.

Duración: 2 horas y media.

Imparte: Ana Martínez Acosta, psicóloga, especializada en familia y crianza respetuosa.

Contenidos:

  • El estrés emocional en la crianza.
  • Diez claves para desarrollar la tranquilidad en nuestro día a día.
  • Técnicas de relajación.

Fecha de realización: 16 de mayo 2018 (segunda edición del taller)

Lugar de realización: Escuela Infantil “El Lazarillo”, en el Parque Empresarial Nuevo Torneo, en Sevilla.

INSCRIPCIONES:

Teléfono:  659 29 98 82

Si deseas más información, puedes contactar conmigo en el 654 72 61 84, o escribirme tu comentario aquí abajo:

 

“Únicamente habitando nosotros la calma, seremos capaces de transmitírsela a nuestros hijos”

 

 

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Danza en Familia y Danza Materna

A partir de esta semana, tengo el inmenso placer de compartir con vosotros un nuevo espacio de danza creativa, de encuentro entre mamás, papás, y sus bebés; esta vez en el barrio de Pinomontano, en Sevilla.

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Desde ANIMASOC, iniciamos esta nueva línea de talleres, dirigidos a familias con niños pequeños, comenzando por el grupo de Danza Materna, los martes de cinco a seis de la tarde, y el grupo de Danza en Familia, los martes de seis y cuarto a siete y cuarto de la tarde.

Danza Materna

Un espacio para conectar, con nuestro cuerpo en movimiento, con la magia de crear vida; con nuestro bebé, dentro o fuera; con otras embarazadas y mamás recientes.

Estimula los sentidos del bebé, fortalece el vínculo madre-hijo/a; cuida tu cuerpo y disfrútate en esta etapa especial e irrepetible.

Danza en Familia

Exploramos la música, los ritmos, el movimiento, la expresión corporal… Disfruta junto a tus hijos de una forma diferente de comunicarnos, desde el juego y la creación conjunta.

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¿Quieres unirte? ¡Contacta y reserva ya tu plaza! Descuentos especiales para las matrículas de febrero.

… ¡Y esto es sólo el principio! Las demás actividades de AMApsicología: Grupos de Crianza, Talleres sobre educación para familias y educadores, y los servicios de asesoramiento y terapia familiar e infantil; estarán muy pronto disponibles en las instalaciones de ANIMASOC.

Una crianza respetuosa comienza por un adulto tranquilo. Diez claves para conseguirlo.

 

 

¿Cómo logramos, en un sistema tan deshumanizado como en el que vivimos, criar hijos desde el amor y la calma?

¿Cómo conseguimos el equilibrio necesario, para sostener y acompañar, con el respeto y el cariño que tanto deseamos para ellos?

Podemos comenzar por el principio. No hay crianza respetuosa posible, si el adulto no está tranquilo. Conectado con su corazón. En equilibrio, para encontrar dentro de sí mismo, el amor incondicional para nuestros hijos.

Estas diez claves muestran cómo encontrar ese equilibrio, habitando la calma, para luego poder transmitirla.

 

1.acepta

  1. Acepta que no puedes controlarlo todo.

 Acepta… que tu vida va a cambiar. Que ya ha cambiado, que seguirá cambiando. Y está bien. (Ya habrá tiempo de recuperar cosas, de hacer cosas nuevas, o de otra manera).

Acepta que no todo es como te gustaría que fuese. Que tu hijo no siempre hace las cosas como a ti te gustaría, que tu pareja tampoco; que son personas diferentes a ti, con sus singularidades, y eso está bien.

Acepta que vas a llegar tarde, que te perderás pelis, que perderás autobuses, viajes, quedadas y puede que algunos amigos. (Los recuperarás. O no. Y estará bien)

Vigila las exigencias

…Recuerda que la maternidad/paternidad no es un buen negocio para perfeccionistas.

 

2.tiempo

  1. Organiza tu tiempo

 Sé realista.

Entiende que no puedes hacer lo mismo que antes, en el mismo tiempo.

No te pongas metas inalcanzables, ni siquiera difíciles.

Y recuerda que, la mayoría de las veces, menos es más. Más vale tres bien hechas, que diez mal, deprisa y sin acabar…

Prioriza, y ve poco a poco.

Planifica, usa el calendario y la agenda, y luego… ¡hazte caso!

 

3.ayuda

  1. Busca ayuda (y déjate ayudar)

Delega.

No todo depende de ti.

No puedes (ni quieres… ¿o sí?) hacerlo todo tú sola.

(Y de paso, practica el punto 1… ¡acepta la ayuda que te ofrezcan!)

Cuenta, si la tienes, con tu pareja.

Prueba a pedir ayuda abiertamente, concretamente, directamente.

Seguro que hay más personas dispuestas a ayudarte de las que imaginas.

Familia, amigos, vecinas del barrio. Asociaciones de lactancia, bancos del tiempo, grupos de crianza, asociaciones de padres en el cole. Profesionales de la psicología, la medicina o la salud en general.

Y recuerda, no necesitas estar derrotada, para querer estar mejor.

8.calma

  1. Practica la calma

Por lo general, no te enfades.

La mayoría de las veces, no merece la pena.

Cada persona, cada casa, sabe qué necesita para encontrar la calma. Encuentra tu método, y practícalo. Andar, escuchar música, estar en silencio, abrir las ventanas, meditar, salir al campo, quedaros en casa, tocar un instrumento, rezar, jugar al fútbol, a las cartas o al parchís. Sea lo que sea, úsalo, si te da paz.

Pon atención a tu respiración, a tu forma de caminar o conducir, a tu manera de hablar, de cocinar, de hacer las cosas. Prueba a bajar el ritmo de cada cosa que hagas, como si le dieras al “cámara lenta” a la película de tu día a día. Y si te falta tiempo, revisa el punto 2… (Puede que necesites el punto 3 también).

Cuídate en las relaciones. Practica la “higiene emocional”: Limpia lo que te hace daño, tira lo que no te sirva, cuida lo que te viene bien. Tu paz interior te lo agradecerá. (Y tu familia, también)

6.espacios

  1. Cuida los espacios

Nuestro hogar es nuestro templo. Y merece ser cuidado y honrado, para que nos transmita paz y serenidad.

Como en el punto 4, cada familia sabe qué necesita. Orden, limpieza, calidez,  efectividad… Lo importante es que a nosotros nos transmita bienestar.

(Para conseguir esto, una vez más, los puntos 2 y 3 son importantes aquí…)

Normalmente, que cada miembro de la familia tenga su propio espacio, su rincón, dentro de casa, nos ayuda a sentirnos bien. No hace falta que sea un gran espacio… A veces, con una balda de la estantería, un cajón o una cesta, para cada uno, es suficiente. Lo importante es sentir ese espacio privado, y respetado por los demás.

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  1. Ten un tiempo para ti.

¡Más valioso que el oro!

Cuídalo como se merece. Respétalo, úsalo, mímalo.

Haz lo que quieras.

Sal, o no; lee, camina, dibuja, ¡duerme!, mira la tele, queda con amigas, con tu madre o con el camarero de la cafetería de la esquina (no importa que no lo conozcas, se les suele dar muy bien escuchar).

Reencuéntrate contigo, aprende cómo es esta nueva “tú”, y aprende a quererte… Disfrútate.

Recuerda viejos tiempos, y felicítate por los nuevos.

Haz lo que te gusta. Y si no sabes, o no puedes, o no te acuerdas, ¡haz algo nuevo!

No hace falta que sean grandes cosas, ni mucho tiempo. A veces, salir a tirar la basura y tomarte cinco minutos para mirar las estrellas y respirar el aire limpio de la noche, es suficiente.

7.cuidate

  1. Cuida tu cuerpo.

Nuestro cuerpo es nuestro hogar.

No sólo el emocional, también el cuerpo físico, necesitan ser cuidados y mimados para sentirnos en paz con el mundo.

Somos lo que comemos, y casi más importante, cómo lo comemos. Comida de calidad, orgánica, vegetariana o macrobiótica; te sentará igual de mal si la comes de pie, en cinco minutos… Tómate tu tiempo. Para cocinarla, y para tomarla; te lo mereces.

(¿Tiempo? Volvamos a los puntos 2 y 3…)

Lo mismo con el sueño: Si no estamos descansados, nada funcionará con fluidez. Todo es más difícil, todas nuestras capacidades se ven afectadas. Y ya que este es uno de los puntos más complicados de conseguir, según qué etapa de la crianza, y según cómo sea nuestra prole… A armarse de paciencia, y de los puntos 1 y 9 (que ya viene…)

De todas formas, puede ser útil que revises la rutina de sueño de tu familia, e intentar optimizarla. Vuelve a ser muy necesario, seguramente, revisar el punto 3… ¿Has probado alguna vez a dejar a los peques con tu pareja (abuelos, canguro…) y hacer una cura de sueño, a ser posible, fuera de casa? Como nueva.

Y si es realmente complicado, puedes usar la parte de “orientación profesional” de ese punto 3.

 

Mima tu aspecto, hasta el punto que necesites, para sentirte bien. Algunas necesitamos salir de casa peinadas y maquilladas cada día para sentirnos a gusto (si es así, te aconsejaría que vuelvas al punto 1… ¡o tal vez lo consigas sin estrés, enhorabuena entonces!); a otras nos basta con mucho menos… Sea como sea, mima eso que necesites para sentirte a gusto contigo. (Y recuerda que “mima” significa cuida, procura, pon tu intención: Se trata de estar mejor, no de ponernos otra carga!)

 

El ejercicio físico viene genial para liberar tensiones, para recargarnos de energía positiva y llenar las reservas de oxitocina y otras hormonas felices. ¿A punto de perder la calma? Prueba a salir a la calle y dar un par de vueltas a la manzana: Corriendo o no, eso ya depende de las ganas… ¿Imposible salir de casa? Saltar y hacer sentadillas da el mismo resultado… ¡En cualquier espacio!

5.pareja

  1. Encuentra un espacio de intimidad para la pareja.

Adoro el colecho.

Y adoro también lo que dice el pediatra Carlos González, sobre la posibilidad de escabullirte de la cama, y hacer el amor en el sofá, en la cocina, o donde más nos apetezca; porque, oye, ¡el sexo no se acaba fuera de la cama!

Y quien dice sexo (¿eh? ¿eso qué era?…), dice ver una peli, darse un abrazo, acurrucarse en el sofá.

Pasa como con los espacios: Igual al principio no hace falta un fin de semana entero (igual un poco más adelante, sí), pero poner una peli a los peques y tener un ratito para haceros un masaje, o tomaros juntos un café, pude hacer maravillas.

Usar aquí el punto 3 es legítimo y muy recomendable, abuelitos deseosos de pasar una tarde con su nieta os lo agradecerán… Y según la edad, nietos deseosos de descansar una tarde de sus padres, ¡también, por mucho que nos escueza…!

 

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  1. Perdónate cuando tropieces.

A pesar de todo, de que aceptes, te organices, pidas ayuda, cuides de ti, de tu hogar y de tu pareja, de que practiques la calma cada día; habrá un momento en que la pierdas.

Harás y dirás cosas que luego te harán sentir realmente mal.

O ya habrás perdido la calma muchas veces antes (si no, seguramente no estrías leyendo esto), y ya te sientas fatal por ello…

Está bien. Estará bien. (Es buen momento para recordar el punto 1…)

Recuerda que todo el mundo necesita mimos y que nos abracen, sobre todo, cuando menos parecemos merecerlo. Tú, también.

Como dice Mónica Gutiérrez, en su libro “Recetas de lluvia y azúcar”,

Convierte la culpa en un error. Entonces, se aprende.”

Un nivel excesivo de culpa nos entumece la capacidad de reacción, y así, ni aprendemos, ni nada. Así que culpa, la justa, para estar alerta, saber que lo que pasó es importante; y aprender cómo ayudar(nos) para que no vuelva a suceder.

10.disfruta

  1. ¡Disfruta de la vida!

Hacer cosas juntos, jugar con tus hijos, mirar el parque, sentir el sol, reír… Celebrar un cumpleaños, una mañana, las buenas noches.

Míralos. Mírala. Míralo.

¿No es maravilloso, simplemente, que esté ahí?

La próxima vez que estés a punto de perder la calma, recuerda ese momento en el que te derretías de amor. Y cuando lo tengas, no dejes que se te escape.

Puedes dibujar en tu corazón una sonrisa y salir al mundo con ella puesta. Tú tienes todo el poder para mantenerla ahí, brillante, y dejar que ilumine todo tu día.

Y la elección es sólo tuya.

 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.
Redactado en enero de 2016
Publicado en MandalaSana.org en enero 2016
Reeditado para amapsicologia.org en enero 2018.

El Síndrome de Pippi Calzaslargas. Sobre el amor, los límites y la libertad en la crianza respetuosa.

 

Tenía la casa más chula, el mono más chulo y el caballo más chulo del mundo entero.

Era y es el icono inconfundible de la libertad, la espontaneidad, la creatividad, la fuerza interior y la alegría desbordante.

Pintaba su casa como quería, se vestía como quería, comía cuando y donde le daba la gana, cocinaba disparates, dormía en cualquier sitio… ¡Pippi Langstrum molaba un montón!

… Y también, era una niña que vivía, comía, se vestía, cocinaba, y dormía… Sola.

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A lo largo de mi experiencia trabajando con familias, con diferentes tipos de estilos educativos y hábitos de crianza, he conocido padres y madres que, en pos de la libertad, la creatividad, la espontaneidad y el más profundo respeto por los procesos naturales de sus peques, los dejan tan libres, que… Los dejan solos.

No quiero decir con esto que yo esté, ni mucho menos, en contra del respeto por los procesos naturales, de la espontaneidad, la creatividad y la libertad de la infancia. Tengo el convencimiento profundo que un buen acompañamiento en la crianza, debe ser lo suficientemente holgado, como para dejar que todo lo bello y lo sabio que hay en el interior de nuestras hijas e hijos aflore. Y todo esto no es posible si la persona adulta está demasiado cerca.

Y también tengo el convencimiento, igualmente profundo, de que no es posible una crianza feliz, cuando la persona adulta está demasiado lejos.

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A veces, la línea entre la libertad y el abandono es tan fina, que nos cuesta verla. Y tenemos nuestra propia pelea interna con los (muchas veces) temidos límites… Confundimos autoridad con autoritarismo, protección con invasión, cuidado con sobreprotección Nos hacemos un lío, y dejamos a nuestras peques, creativas, espontáneas, libres… Y solas.

Respetar los procesos naturales es también estar atentas a las señales que nos mandan nuestros peques. Es conocer, en cada momento, cuáles son sus necesidades de apoyo, de protección y de cuidado; y brindárselas con todo nuestro amor y respeto. Y los límites, adecuados, bien colocados, bien aplicados; apoyan, protegen, cuidan… y miman.

Si no, ¿cómo íbamos a contener, a sostener, a arropar, a abrazar…? En el abrazo, nuestros brazos son límites, que contienen y arropan la emoción.

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Nuestra piel es el límite físico de nuestro cuerpo, y cuando nos falta, o está dañada, perdemos la barrera protectora de nuestro organismo: Cuando está demasiado seca, se agrieta y se resquebraja, luchando por dejar salir, o entrar, aquello que necesita intercambiar con el medio. Cuando la piel está sana, es flexible y permeable, permitiendo un intercambio saludable desde mi organismo, hacia el mundo.

Papá y mamá, o las personas adultas que están a mi alrededor, son esa piel que me contiene, me protege, me cuida; y que en una relación sana, es suficientemente flexible como para dejar pasar todo lo bueno que el mundo tiene para mostrarme, y todo lo bueno que yo tengo para aportar al mundo. 

Pippi Calzaslargas… No tenía piel.  

No tenía nadie que le dijera cómo hacer las cosas, qué comer, dónde dormir, o cómo vestirse. No tenía a nadie que le pintara la casa, nadie que le hiciera la comida, nadie que … Nadie.

Nadie a quien encontrar, cuando se cansara de pensarlo y de hacerlo todo a su manera, y necesitara un abrazo en donde descansar de tanta responsabilidad gigante que le había caído encima.

 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.

Familia, Educación y Crianza con Corazón

amapsicologia.org

 

 

¡Este cole no me gusta! Diez alternativas para hacer más feliz la educación de tus hijos.

 

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Criar con apego, con respeto, con consciencia, tiene estas cosas. De repente, después de haber cuidado de tu hija en un entorno familiar y cercano, durante el tiempo que las circunstancias lo hayan permitido, o hayáis considerado oportuno, llega el momento de llevarla al cole: La Educación, con mayúsculas, entra en vuestras vidas.

Y muchos de los conceptos, principio y sentires, que has estado aplicando, con más o menos éxito, en esa primera educación familiar de apego, se estrellan con más o menos fuerza, según los casos, con la realidad del sistema educativo actual.

Las circunstancias son muy diferentes, según la edad de los peques, según el nivel en el que estén ahora mismo (guardería, escuela infantil, primaria, secundaria…), según la comunidad autónoma, según el colegio, y (muchas veces, sobre todo) la persona que esté a cargo del aula de tus hijos.

Pero hay algo que no nos gusta. O mucho. Y nos ponemos a investigar, como ya hicimos a la hora de preparar el parto, o la alimentación, o el sueño; y nos damos cuenta de que hay muchas más personas, mamás, papás, profesionales de la crianza, educadores y educadoras; que tampoco están de acuerdo con muchas de las cosas que se hacen en la educación actual en este país.

De que existen alternativas y otras formas de hacerlo, que nos gustan mucho más, que nos resuenan mejor en el corazón… Y nos agobiamos.

Queremos cambiarlo todo, cambiarlo YA, y que el cole de nuestra hija nos guste tanto como ese finlandés maravilloso que vimos en aquel documental.

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¿Qué podemos hacer, si sentimos que no nos gusta nuestro cole, y sentimos que la educación de nuestros hijos sería mucho mejor de otra manera?…

Aquí os ofrezco diez propuestas, de mayor a menor nivel de implicación personal, que podéis tomar para hacer algo al respecto. Empiezo por las más comprometidas: Si no te ves en esa, pasa a la siguiente. Te garantizo que al menos una, está en tu mano hacer.

Espero que os gusten, que os sirvan, y que de una forma u otra, logréis sentiros más felices en el cole de vuestros hijos… Y vuestros hijos, también.

 

 ¿Qué puedo hacer para mejorar la educación de mis hijos?

cole61. Sácalos del cole.

Llévalos a otro que te guste más. O no lo lleves a ninguno.Hay muchas familias, cada vez más, que se dedican a educar a sus hijos en casa.

Necesita de una implicación personal muy grande: No estamos hablando de no educar, sino de educarlos tú misma, en casa.

Existen planes educativos, currículum, formas de homologarlo. Hay grupos de familias que se organizan para coordinarse en la educación, y se crean “aulas” virtuales, o no, en las que varios niños participan de las mismas actividades y encuentros.

Se llama Homeschooling, y por cierto, el autor del libro que aparece en la foto más arriba, Christopher Paolini, lo escribió con dieciséis años, educado en casa de toda la vida. (Os animo a leerlo, si os gusta la fantasía, ¡es bastante bueno! Hicieron una serie de pelis, también.)

  • Para saber más sobre el homeschooling y su situación en España, puedes                     consultar en la Plataforma ALE.

 

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2. Crea tu propio proyecto educativo.

Sí, es posible. La educación, hasta los seis años, es voluntaria en España. Los niños y niñas pueden estar o no escolarizados, y pueden asistir a donde los padres o tutores decidan.

A partir de los seis, la cuestión se complica, pero no es imposible. Existen muchas formas de asociarse, formarse, investigar, proyectar, conectar con la gente adecuada, encontrar espacios maravillosos; arremangarse, y hacer un sueño realidad. (Lo sé, lo he hecho. Se llamaba Tambora, y en la actualidad sigue funcionando, aunque mi hija ya no está allí. Nosotros seguimos, explorando otros puntos de un poco más abajo…)

 

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  1. Llévalos a una escuela alternativa.

    Hay muchas. En España, y en Sudamérica, cada vez surgen más escuelas infantiles con modelos educativos alternativos: Montessori, Waldorf, pedagogía activa, democrática, libre…

Como en el punto anterior, es más fácil (y más económico) encontrar escuelas para peques en edad preescolar. A partir de los seis, también puedes encontrar escuelas alternativas en algunas ciudades, con diferentes modelos educativos, que abarcan secundaria e incluso bachillerato.

En Sevilla, está creciendo el proyecto Educalibre Sevilla, para niños y niñas de seis a doce años.

Puedes mirar en Ludus, para investigar las más cercanas a tu hogar. Conozco muchas familias que han cambiado de vida y de residencia, sólo para estar cerca de una de ellas, y poder ofrecer a sus hijos esta educación.

-Si vives en Sevilla o alrededores, y quieres saber más acerca de las escuelas alternativas que existen en la zona, no te pierdas los próximos posts de AMApsicología, en los que nos asomaremos a todas ellas.-

 

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  1. Participa en iniciativas de cambio a nivel estatal.

    Infórmate. Decide. Vota.

    Esta es la alternativa más versátil, en cuanto a implicación personal. Desde formar parte activa de un partido político, y defender “desde dentro” tus intereses en materias de educación; hasta hacer click en una petición online como ésta, por ejemplo, en change.org, para racionalizar los deberes en la escuela.

    Existen múltiples formas de hacer oír tu voz: Manifestaciones, asambleas populares, asociaciones de vecinos, recogidas de firmas, plataformas reivindicativas

    Si desearías que una educación diferente, más cercana a tus valores en cuanto a la crianza, fuera una alternativa real; que estuviera al alcance de todas las familias, que no fuera “alternativa”, sino pública… Entonces, pídelo. Somos muchas las que ya lo estamos haciendo. Cuantas más, mejor.

 

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  1. Participa en el AMPA y el Consejo Escolar de tu colegio.

    Son los espacios de participación para las familias, tienes derecho a hacerte oír, y a participar en la toma de decisiones.

    Si deseas cambiar algunas cosas, exponer tu forma de pensar, intentar mejorar la situación del sistema educativo en el colegio de tus hijos, puedes hacerlo. La representación de las familias dentro del Consejo Escolar es de vital importancia para que realmente se las tenga en cuenta. Es ahí donde hay que expresarse, donde nuestra opinión cuenta.

Las AMPAs de los colegios realizan una labor maravillosa en su papel de unión       entre la familia y la escuela. Si tienes ideas, peticiones, proyectos, críticas… Utiliza este espacio, y hazlo crecer.

 

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  1. Habla con la profesora

    La gran mayoría de las maestras y maestros, son profesionales maravillosos, que han elegido esta carrera por vocación, y trabajan con ilusión por lo que creen. Tal vez no has tenido esa suerte con la profe de tu hija, o tal vez, a ella se le ha olvidado.

    Muchas veces, las circunstancias institucionales (como nos pasa a cualquiera en nuestro trabajo), nos van limitando, nos van quemando, y nos agotan la ilusión y la motivación por hacer o aprender nada nuevo.

    Muchas veces, olvidamos que las personas a cargo del aula de nuestros hijos son eso, personas, cada una con sus circunstancias personales, sus problemas y sus preocupaciones, humanas como lss tuyas.

Muchas veces, acercarnos de forma amistosa, dejando de lado nuestros posibles prejuicios, lo que nos duele, y entablar una comunicación más cercana al corazón, soluciona más problemas de lo que nunca podríamos haber imaginado.

Nos une, al fin y al cabo, lo más importante para las dos: Nuestros niños.

 

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  1. Queda con las familias de la clase

    … para hacer cosas juntos, fuera del horario escolar. Proponed excursiones o quedadas, más allá de los “obligados” cumpleaños. Un picnic en un parque cercano, una merienda en casa, una salida a la playa o al campo…

Hacer grupo con las familias de la clase ayudará a tu hijo a estrechar lazos con los compañeros, y a sentir ese entorno seguro y amigable también dentro de clase.

Y a los adultos, nos ayuda a compartir inquietudes, formas de pensar y hacer las cosas, y nos enriquece ver y mostrar, que tal vez otra forma, es posible. Tal vez, además, es una buena forma de acercarse al punto 5, de fuera hacia adentro.

 

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 8. Busca actividades extraescolares interesantes.

La educación no acaba en el colegio. Existe una amplia oferta de actividades, fuera del horario y del centro escolar, que también pueden formar parte de la educación de nuestras niñas.

Encontrad alguna que os motive, que muestre valores diferentes, con un método diferente. En Sevilla, podéis encontrar actividades maravillosas relacionadas con el arte y la creatividad, muchas veces en familia (Emocionarte, Canuca), con el teatro (TransCrea), o la danza (Danza con Salud, Danza en Familia en AMApsicologia), entre otras muchas.

Granja escuelas, clubes deportivos, ludotecas, bibliotecas, centros cívicos, escuelas de idiomas, agrupaciones de boy-scouts… Hay tantas ofertas como intereses.

Haced excursiones interesantes los fines de semana, o en vuestro tiempo libre: Teatros, museos, exposiciones, parques; el campo, el río… ¡el supermercado! El mundo entero es un gran parque de atracciones, listo para descubrir.

 

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  1. Educa con amor en casa.

    La vida de nuestros hijos va más allá del cole.

Existen las tardes, las noches, las vacaciones, los fines de semana. Y en cada uno de esos momentos, estamos nosotros, papás, mamás, familiares, amigos; que sí tenemos claro (más o menos), cómo queremos que sea el trato con nuestros peques. Aplícalo.

Si en el cole usan la “silla de pensar”, y no te gusta, no lo hagas en casa. Haz una “silla de los abrazos”, o una “silla de reírse”, y contrarresta.

Muestra a tus hijos que el cole es sólo una forma, un modelo de hacer las cosas, y que hay muchas más. Tendrá la riqueza de experimentar varias, y de ser libre de elegir con qué modelo quiere vivir su vida.

 

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 10. Deja de pelearte.

El mundo no está en tu contra. El mundo es, como es, y el cambio se da de a poquito, con personas como tú, que se levantan cada mañana pensando cómo hacer más feliz, al menos, a alguien.

Si lo que deseas es educar a tus hijos en el amor y la paz, comienza por practicarlos en ti misma, y en tu vida.

La lucha nos sirve para estar alerta. Para saber dónde queremos llegar. Pero si esa lucha se convierte en una pelea continua, que nos causa malestar, nos enfada, nos quita nuestra paz: Entonces, la lucha no estará sirviendo de nada.

Nadie puede controlarlo todo. Y hay veces, que lo mejor que podemos ofrecer a nuestros hijos, es el aprendizaje de ser feliz, a pesar de todo, por encima de todo. Se llama resiliencia, y es una de las mayores cualidades de la gente sabia, buena, y feliz.

No quiero decir con esto, que haya que dejar de luchar por lo que una quiere, considera justo, vibra con nuestro corazón. Quiero decir, que cuidado desde dónde luchamos: Desde el amor por lo que deseamos, o desde el miedo por no tenerlo. El motor de nuestro camino, estará muy unido al lugar donde llegaremos.

…¡Feliz viaje!

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.

Educación y Crianza con Corazón

http://www.amapsicologia.org

 

 

 

Calma, mamá…(Diez claves para educar desde el amor y el respeto)

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El mundo puede ponerse patas arriba.

La compra no está hecha, las camas sin hacer (camas? Ah, sí, debajo de esas montañas de ropa en diversos estados de limpieza, o camino de la desintegración…); el peque lleva siglos con mocos, y la mayor, por enésima vez, me la está montando porque no quiere el chaquetón ni a la de tres, ¡porras! ¡Si estamos a dos grados…!!!

Sí. Así es. Idílico por momentos, caótico por lo general.

Y encima, pretendemos ser mamás comprensivas,amables, respetuosas, cálidas, que que no suben la voz jamás, que se cortarían la mano antes de dar un “cachete a tiempo”. Nos hemos leído todos los manuales de crianza respetuosa, incluso de la que no lo es, para tener claro por dónde no queremos ir; asistimos a charlas, talleres; nos quedamos hasta las tantas, usualmente con algún bebé colgado de la teta, delante del ordenador leyendo a otras mamás que nos cuentan cómo, ¡¡Cómo!!!, se hace esto…

Bueno, no siempre es tan terrible. Hay momentos luminosos, bellos, en los que nuestra hija nos sonríe desde el corazón, y sabemos en el fondo de nuestra alma, que tan mal, tan mal, no debemos estar haciéndolo.

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…¿Y si no fuera tan difícil?

¿Y si hubiera una forma de criar a nuestros hijos con amor, con respeto, con ternura; y sentirnos bien dentro de este mundo de locos? (Y no hablo -sólo- del mundo de nuestra casa… Sino del resto del mundo, de puertas para fuera, que muchas veces parece confabulado en contra de nuestra confianza en la bondad del ser humano).

Yo tengo el convencimiento de que ninguna crianza con amor es posible, si no practicamos el amor hacia nosotras primero

Que sólo es posible una crianza con respeto, si nos respetamos, ante todo, a nosotras mismas

Que sólo habitando la calma, seremos capaces de transmitírsela a nuestros hijos e hijas. 

Que encontrando la forma de estar conectadas con nuestra esencia, con nuestra capacidad más pura de dar y recibir amor, todo lo demás fluye. 

Tal vez no nos haga tener el frigorífico lleno justo a tiempo, ni nos resuelva la colada, planchada y perfumada, bien ordenada en sus cajones correspondientes; ni consiga llevarse los mocos interminables, ni haga cambiar de opinión al termostato interior de nuestra hija… Pero miraremos todo esto con otros ojos.

Y, a pesar de todo, gracias a todo; nos acercaremos al sentido último de todo esto de vivir, y de dar vida… ¡Ser feliz!.

Teniendo en cuenta todo esto, escribí el artículo “Una crianza respetuosa comienza por un adulto tranquilo. Diez claves para conseguirlo”, publicado hace poco en otra página amiga. Deseando que os guste, y que os ayude a acercaros un poco más a la calma y la luz, os dejo aquí el enlace.

Y recuerda que… El poder para decidir cómo quieres ser, cómo quieres criar, cómo quieres educar…Lo tienes tú. 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.
Crianza Consciente, Vida Consciente
http://www.amapsicologia.org

Esta Navidad, regala a tus hijos lo que realmente necesitan: Sé feliz.

 

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Esta Navidad, puedes comprar regalos. Regalos caros, o regalos sencillos. Esta Navidad, puedes pasar más tiempo con los tuyos, darles más abrazos, visitar Belenes, o a Papá Noel en el centro comercial. Esta Navidad, puedes hacer colas interminables para patinar en el hielo, o ir a ver las luces en las calles, ir a visitar a los abuelos, hacer un gran viaje, o quedarte en casa.

Esta Navidad puedes hacer muchas cosas. O tal vez no tantas: Puede que acabes de ser mamá por primera, segunda o tercera vez. Puede que hayas tenido un parto complicado, o no, que tu nuevo bebé te ocupe todas las horas preciosas que te encantaría dedicar también a tus hijos mayores. Puede que tengas un trabajo que no te permita eso que parece tan complicado, “conciliar” la vida familiar y la laboral; puede que esta Navidad estés trabajando en los turnos que nadie quiere, precisamente porque eres mujer, y madre, y acabas de regresar de una baja por maternidad; y los demás te llevan la delantera. O que seas papá, y que tengas que hacer todos los turnos que nadie quiere, precisamente porque eres hombre, porque eres padre, y porque nadie más en casa puede compartir contigo la responsabilidad de llevar un sueldo a casa, para poder vivir.

Pueden… Tantas cosas.

Y en mitad de todas nuestras posibilidades, nuestro deseo más importante: Que nuestros hijos pasen la mejor Navidad del mundo.

Y por ellos trabajamos, o no, nos quedamos en casa, o no; compramos regalos, jugamos con ellos, visitamos belenes, papá noeles y luces de Navidad…

Y nos “sacrificamos” por ellos…

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¿Qué necesitan nuestros hijos de nosotros?

A nosotros.

Pero no un “nosotros” cualquiera. Un nosotros que sea capaz de transmitir la misma felicidad, que queremos para ellos. Que sea capaz de realmente estar ahí, cuando estemos, aunque sea un ratito antes de que despierte el nuevo bebé, o antes de que se acuesten ellos, al volver de trabajar. Que sea capaz de realmente jugar, y bailar, y sonreír, y abrazar… Desde el corazón, de verdad, sintiendo lo que hacemos.

Y para poder hacer esto, es mucho más fácil (yo no conozco otra manera…), siendo un adulto feliz.

No sirve de nada sentir que nos “sacrificamos” por nuestros hijos. Ellos no van a ver (solamente) la gran casa de muñecas que le hemos puesto bajo el árbol… …Van a ver nuestra expresión de cansancio, por todas las horas extra que hemos tenido que hacer, para poder comprarla.

No van a entender por qué estamos enfadadas, si nos hemos venido directamente del trabajo a casa, para pasar el máximo tiempo posible con ellos, sin tomarnos siquiera el lujo momentáneo de unirnos a las compis de trabajo, que se quedaban a tomar una copa o dos. Con las ganas (en realidad) que tenía de quedarme aunque fuera un ratito.

Y además, existe el peligro de creer, que ellos han de entender que sí, estamos cansados, estresados y refunfuñones, pero que lo hacemos por ellos. ¡No nos equivoquemos! A ellos no les sirve de nada eso. O sí, les sirve, para sentir el enorme peso de la responsabilidad, de ser (¡encima!) los causantes de nuestro cansancio (“¡Lo que tengo que hacer por ti…!” “Lo que tiene que hacer por mi…” Glups.)

Tal vez, una casita menos grande, una noche sin el besito de mamá; y una sonrisa desde el corazón, de un papá menos cansado, de una mamá más relajada (aunque sea a la mañana siguiente)… Serían un regalo mucho mejor.

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Un adulto feliz es una persona paciente. Un adulto feliz es una persona creativa, con ganas de jugar, de experimentar, de dejarse llevar. Un adulto feliz, es una persona que puede disfrutar del momento presente, con mucha más facilidad que un adulto infeliz, agotado, sin alegría.

Esta Navidad, podemos hacer muchas cosas. Y lo más grande que podemos hacer, es decidir qué queremos hacer con todo eso que tenemos. Con todo lo que nos rodea. Con nuestras circunstancias, mejores o peores, o incluso terribles… Siempre, siempre, tenemos poder para decidir cómo afronto, cómo me tomo, lo que me está sucediendo.

Y el regalo más grande que podemos entregar a nuestros hijos, en esta Navidad, y siempre, es decidir ser felices. Lo demás, llega solo.

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¡Ah! Viene entonces la gran pregunta, quizás…

…¿Cómo hago, para ser feliz?

Buen comienzo.

Bienvenida a ti.

(Tus hijos te agradecerán el viaje)

Feliz Navidad.

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Ana Martínez Acosta

 Psicóloga. Especialista en Crianza Consciente.
http://www.AMApsicologia.org

Comprender para Educar: Gestión Emocional para Educadores

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Términos como “Inteligencia Emocional”, “Educación en Emociones”, “Resolución de conflictos”… Están insertos en nuestro día a día como profesionales. Pero, ¿Sabemos realmente qué son las emociones? ¿Para qué sirven? ¿Cómo podemos ayudar a canalizar un enfado, una rabieta, una agresión? ¿Cómo gestionar estos procesos dentro de un grupo de niñas y niños?… 
Es complicado, muchas veces, dar cabida a los procesos emocionales de los niños y niñas, dentro de la dinámica de una escuela. Incluso, cuando esa escuela está enmarcada dentro de la pedagogía libre, contando con unas características que facilitan mucho este acompañamiento emocional; las personas adultas que cuidan de los procesos del grupo infantil, necesitan recursos, herramientas, y sobre todo, una formación personal, que les capacite para integrar este acompañamiento emocional en su día a día.
Con este taller de formación, se pretende tomar una mayor conciencia sobre los procesos emocionales en los niños, y la importancia para el desarrollo de los mismos, y del grupo; que tiene saber acoger estos procesos, sostenerlos, acompañarlos, y ayudar a gestionarlos de forma constructiva: Desde el respeto y el amor.
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Desenredando Enfados. Cómo acoger conflictos con amor.

 

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Son las siete cuarenta y cinco de la mañana, tenemos que salir ya para ir a trabajar, y llevar a la peque al cole. Sabemos, además, que cinco minutos más no son cinco minutos tarde, sino veinte, porque tenemos controlada la salida en masa de los coches que colapsarán la carretera en exactamente cuatro minutos. Pero nuestra amada peque necesita ponerse los zapatos rosas, justo esos y no otros, y no los encuentra. Mamá está en la puerta, la peque corriendo por la casa, y en ese momento, en el que realmente lo que queremos es meternos en la cama hasta que sea viernes otra vez… ¿Qué hacemos?

Herramientas y recursos concretos para solucionar conflictos hay muchos, pero no olvidemos que el principal motor de todos ellos somos nosotras: Las personas adultas que están frente a ese niño desbordado, que a veces  nos pone a nosotras, también, al borde de nuestra capacidad de reacción. El enfado puede ser como una inmensa madeja de lana, pegajosa, que nos va rodeando más y más, a medida que crecen los nervios, las prisas, las palabras feas, el tono de voz… Tanto los nuestros, como los de los niños, que recogen en su madeja lo mismo que le vamos lanzando, y nos lo lanzan otra vez.

¿Qué necesitamos para solucionar un conflicto de la manera más respetuosa y amorosa posible, y hacerlo de forma eficaz? Primero, crear en nosotras mismas una buena actitud. Para afrontar la situación de manera positiva, colaborando en el “desenredo”, y no en enredarnos más.

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Las Ocho Ces son ocho cualidades que necesitamos para lograr la actitud ideal que envía a las peques el mensaje más respetuoso y cariñoso, y nos permite resolver la situación conflictiva de forma amorosa y eficaz. (Y las he llamado así porque, curiosamente, todas empiezan por la letra Ce)

Veamos cuáles son…

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1. Consciencia

…de que está ocurriendo un conflicto. Requiere de cierta dosis de sensibilidad, de capacidad para captar las señales que nos envía nuestra hija, o las características de la situación . Darnos cuenta de que algo está pasando, algo importante, algo que puede desembocar en un conflicto, o que ya estamos en él. Es el momento de prepararnos, respirar, y acordarnos de “activar” las otras siete “Ces”.

 

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2. Calma

Respira. Encuentra ese rinconcito luminoso que guardas para ocasiones como ésta. (Es importante tener las reservas de esta Ce siempre, al menos, medio llenas. Para ello, puedes tener en cuenta las diez claves para lograr ser un adulto tranquilo de este otro artículo)

 

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3. Comprensión

De la situación, de la emoción, de nuestro hijo o hija, de sus motivos, de los nuestros… Para esto hay que conocer. Conocernos, primero a nosotras. Dónde están mis límites, cuál es mi necesidad. Cuánto de importante es lo que necesito, cómo de enfadada o nerviosa estoy en este momento, cuánta tranquilidad me queda para empezar a gritar…

Y conocer a nuestro hijo. Qué le sucede, qué está sintiendo, qué puede necesitar… (Vale. Si supiéramos todo esto, tal vez no estaríamos en un conflicto ahora mismo… Pero, al menos, poner la intención en saber lo que está ocurriendo, nos ayudará a resolverlo.)

 

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4. Corazón

Estar conectadas con el amor hacia nuestras hijas es la mejor manera de resolver un conflicto, sea el que sea. Es la clave de la empatía y de encontrar la calma, y también de la comprensión. Es la conexión con nuestra sabiduría interior, con nuestro poder más íntimo, que siempre tiene una buena respuesta. Es cuestión de práctica, cuidado y escucha, que podamos llegar a oírla… A oírnos. Y es bueno tenerlo en cuenta, aunque tal vez, no siempre podamos hacerle caso tal cual. A las siete cuarenta y cinco de un lunes, seguramente nuestro corazón nos dirá que agarremos a nuestra peque, busquemos juntas los zapatos rosas, y nos metamos en la cama grande, con ellos puestos, hasta las diez… Y eso, no siempre lo podremos hacer. (…¿O sí?… Los peligros de escuchar a nuestro corazón es que muchas veces, no hace cuestionarnos tantas cosas…)

 

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5. Creatividad

Esto de la maternidad es una ciencia que no tiene nada de exacta. Lo que funciona hoy a la perfección es un desastre mañana, y puede que dentro de tres meses, vuelva a ser la panacea universal (así que no deseches recursos… si funcionaron una vez, pueden volver a hacerlo!).

La creatividad es una de las características más valiosas que puede tener un padre, porque nos saca de los apuros más insospechados. Desenredando enfados, es igual. Respira, mira, siente, comprende; y déjate llevar por tu instinto. Hay muchísimas herramientas y recursos que se pueden usar a la hora de acoger y resolver un conflicto (hablaré de ello en otro artículo, más detenidamente), pero la elección de cada una en cada momento, y más aún, crear una nueva a la medida de lo que está sucediendo en ese instante, es fruto de nuestro sentir, y de nuestra imaginación.

 

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6. Consistencia

La consistencia es esa presencia que transmite calma, seguridad, confianza. Transmite a nuestros peques que la situación está bajo control, que por muy enfadado que esté, papá o mamá sigue ahí, con la capacidad de sostener la emoción, la propia, y la del peque; y que vamos a resolver la situación.

El adulto es un refugio, un lugar seguro, en el que el niño, sobre todo en situación de conflicto, necesita poder encontrar cobijo, si le hiciera falta. Si el conflicto es con nosotras, probablemente no quiera estar cerca, o si se acerca sea para agredirnos, incluso: No importa. Sigue necesitando que seamos un lugar seguro para poder resguardarse, en ese momento, o después. El tema de la agresión hacia nosotras es delicado y merece una atención especial; que le dedicaré en otro artículo. Por ahora, baste decir que parte de la consistencia la conseguiremos siendo coherentes con nosotras mismas, que es la siguiente Ce. (Y si para nosotras es importante que no nos agreda, siendo coherentes con ese principio, no le dejaremos hacerlo.)

  

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7. Coherencia

Tiene mucho que ver con la anterior Ce. Si hemos decidido algo, decidido está. Nuestra seguridad, transmite a nuestra peque la seguridad que ella necesita para poder salir del enredo emocional.

Para poder sostener la situación, y que nuestra hija pueda apoyarse en nosotras para poder salir también, necesitamos tener claro hacia dónde vamos, e ir.

Esto no quiere decir que no podamos cambiar de opinión, que no podamos ser flexibles; si es que, en nuestra comprensión de la situación, vemos que nuestra primera decisión no es la más adecuada, y que mejor tomamos otra dirección. Quiere decir que, si hemos cambiado de opinión, hagamos eso otro, con decisión. (En los cambios de opinión, en general está bien verbalizarlo, de forma positiva, para seguir siendo coherentes: Si hemos dicho en un principio, “Cielo, da igual con qué zapatos vayas, no voy a esperar ni un minuto más”, y ha pasado un minuto, (o, generalmente, más…), y seguimos en la puerta; podemos decir “¿Aún sigues buscando? Vale, no me había dado cuenta de que era tan importante para ti. Voy a ayudarte a buscarlos un par de minutos más, y si no los encontramos, te tendrás que poner otros, y nos iremos.” Y, siguiendo con la coherencia, hacerlo entonces así.)

Cuidado, pues, con las decisiones. Está bien, por eso, primero tomar consciencia, evaluar la situación para comprenderla, respirar, y conectar con el corazón antes de decidir cómo seguir. (¡No te agobies! Se hace en milésimas de segundo, con un poco de práctica. ¡Somos seres casi mágicos, los papás y las mamás!)

 

 

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8. Celebración

Si salió bien, por lo bien que salió. Y si salió mal, porque lo necesitamos más que nunca: A veces, cuando menos nos merecemos un abrazo, es cuando más lo necesitamos.

Es el momento de recordar a nuestros hijos que los queremos por encima de todo, se “porten bien” (se sientan bien) o se “porten mal” (se sientan mal); pase lo que pase, estén como estén… Sean como sean. Les amamos.

Celebrar (con un abrazo, un postre especial, un cuento, un baño agradable, un paseo…), sirve para alquimizar la energía potente y tensa de un conflicto, y transformarla en una energía amorosa y tranquila. De esta forma, la próxima vez que se avecine un conflicto, recordaremos esta última energía, y estaremos todos mejor predispuestos a sostener la situación, desde el amor y las “Ocho Ces”.

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta infantil y de familias. 

http://www.amapsicologia.org