Una crianza respetuosa comienza por un adulto tranquilo. Diez claves para conseguirlo.

 

 

¿Cómo logramos, en un sistema tan deshumanizado como en el que vivimos, criar hijos desde el amor y la calma?

¿Cómo conseguimos el equilibrio necesario, para sostener y acompañar, con el respeto y el cariño que tanto deseamos para ellos?

Podemos comenzar por el principio. No hay crianza respetuosa posible, si el adulto no está tranquilo. Conectado con su corazón. En equilibrio, para encontrar dentro de sí mismo, el amor incondicional para nuestros hijos.

Estas diez claves muestran cómo encontrar ese equilibrio, habitando la calma, para luego poder transmitirla.

 

1.acepta

  1. Acepta que no puedes controlarlo todo.

 Acepta… que tu vida va a cambiar. Que ya ha cambiado, que seguirá cambiando. Y está bien. (Ya habrá tiempo de recuperar cosas, de hacer cosas nuevas, o de otra manera).

Acepta que no todo es como te gustaría que fuese. Que tu hijo no siempre hace las cosas como a ti te gustaría, que tu pareja tampoco; que son personas diferentes a ti, con sus singularidades, y eso está bien.

Acepta que vas a llegar tarde, que te perderás pelis, que perderás autobuses, viajes, quedadas y puede que algunos amigos. (Los recuperarás. O no. Y estará bien)

Vigila las exigencias

…Recuerda que la maternidad/paternidad no es un buen negocio para perfeccionistas.

 

2.tiempo

  1. Organiza tu tiempo

 Sé realista.

Entiende que no puedes hacer lo mismo que antes, en el mismo tiempo.

No te pongas metas inalcanzables, ni siquiera difíciles.

Y recuerda que, la mayoría de las veces, menos es más. Más vale tres bien hechas, que diez mal, deprisa y sin acabar…

Prioriza, y ve poco a poco.

Planifica, usa el calendario y la agenda, y luego… ¡hazte caso!

 

3.ayuda

  1. Busca ayuda (y déjate ayudar)

Delega.

No todo depende de ti.

No puedes (ni quieres… ¿o sí?) hacerlo todo tú sola.

(Y de paso, practica el punto 1… ¡acepta la ayuda que te ofrezcan!)

Cuenta, si la tienes, con tu pareja.

Prueba a pedir ayuda abiertamente, concretamente, directamente.

Seguro que hay más personas dispuestas a ayudarte de las que imaginas.

Familia, amigos, vecinas del barrio. Asociaciones de lactancia, bancos del tiempo, grupos de crianza, asociaciones de padres en el cole. Profesionales de la psicología, la medicina o la salud en general.

Y recuerda, no necesitas estar derrotada, para querer estar mejor.

8.calma

  1. Practica la calma

Por lo general, no te enfades.

La mayoría de las veces, no merece la pena.

Cada persona, cada casa, sabe qué necesita para encontrar la calma. Encuentra tu método, y practícalo. Andar, escuchar música, estar en silencio, abrir las ventanas, meditar, salir al campo, quedaros en casa, tocar un instrumento, rezar, jugar al fútbol, a las cartas o al parchís. Sea lo que sea, úsalo, si te da paz.

Pon atención a tu respiración, a tu forma de caminar o conducir, a tu manera de hablar, de cocinar, de hacer las cosas. Prueba a bajar el ritmo de cada cosa que hagas, como si le dieras al “cámara lenta” a la película de tu día a día. Y si te falta tiempo, revisa el punto 2… (Puede que necesites el punto 3 también).

Cuídate en las relaciones. Practica la “higiene emocional”: Limpia lo que te hace daño, tira lo que no te sirva, cuida lo que te viene bien. Tu paz interior te lo agradecerá. (Y tu familia, también)

6.espacios

  1. Cuida los espacios

Nuestro hogar es nuestro templo. Y merece ser cuidado y honrado, para que nos transmita paz y serenidad.

Como en el punto 4, cada familia sabe qué necesita. Orden, limpieza, calidez,  efectividad… Lo importante es que a nosotros nos transmita bienestar.

(Para conseguir esto, una vez más, los puntos 2 y 3 son importantes aquí…)

Normalmente, que cada miembro de la familia tenga su propio espacio, su rincón, dentro de casa, nos ayuda a sentirnos bien. No hace falta que sea un gran espacio… A veces, con una balda de la estantería, un cajón o una cesta, para cada uno, es suficiente. Lo importante es sentir ese espacio privado, y respetado por los demás.

4.tiempoparati

  1. Ten un tiempo para ti.

¡Más valioso que el oro!

Cuídalo como se merece. Respétalo, úsalo, mímalo.

Haz lo que quieras.

Sal, o no; lee, camina, dibuja, ¡duerme!, mira la tele, queda con amigas, con tu madre o con el camarero de la cafetería de la esquina (no importa que no lo conozcas, se les suele dar muy bien escuchar).

Reencuéntrate contigo, aprende cómo es esta nueva “tú”, y aprende a quererte… Disfrútate.

Recuerda viejos tiempos, y felicítate por los nuevos.

Haz lo que te gusta. Y si no sabes, o no puedes, o no te acuerdas, ¡haz algo nuevo!

No hace falta que sean grandes cosas, ni mucho tiempo. A veces, salir a tirar la basura y tomarte cinco minutos para mirar las estrellas y respirar el aire limpio de la noche, es suficiente.

7.cuidate

  1. Cuida tu cuerpo.

Nuestro cuerpo es nuestro hogar.

No sólo el emocional, también el cuerpo físico, necesitan ser cuidados y mimados para sentirnos en paz con el mundo.

Somos lo que comemos, y casi más importante, cómo lo comemos. Comida de calidad, orgánica, vegetariana o macrobiótica; te sentará igual de mal si la comes de pie, en cinco minutos… Tómate tu tiempo. Para cocinarla, y para tomarla; te lo mereces.

(¿Tiempo? Volvamos a los puntos 2 y 3…)

Lo mismo con el sueño: Si no estamos descansados, nada funcionará con fluidez. Todo es más difícil, todas nuestras capacidades se ven afectadas. Y ya que este es uno de los puntos más complicados de conseguir, según qué etapa de la crianza, y según cómo sea nuestra prole… A armarse de paciencia, y de los puntos 1 y 9 (que ya viene…)

De todas formas, puede ser útil que revises la rutina de sueño de tu familia, e intentar optimizarla. Vuelve a ser muy necesario, seguramente, revisar el punto 3… ¿Has probado alguna vez a dejar a los peques con tu pareja (abuelos, canguro…) y hacer una cura de sueño, a ser posible, fuera de casa? Como nueva.

Y si es realmente complicado, puedes usar la parte de “orientación profesional” de ese punto 3.

 

Mima tu aspecto, hasta el punto que necesites, para sentirte bien. Algunas necesitamos salir de casa peinadas y maquilladas cada día para sentirnos a gusto (si es así, te aconsejaría que vuelvas al punto 1… ¡o tal vez lo consigas sin estrés, enhorabuena entonces!); a otras nos basta con mucho menos… Sea como sea, mima eso que necesites para sentirte a gusto contigo. (Y recuerda que “mima” significa cuida, procura, pon tu intención: Se trata de estar mejor, no de ponernos otra carga!)

 

El ejercicio físico viene genial para liberar tensiones, para recargarnos de energía positiva y llenar las reservas de oxitocina y otras hormonas felices. ¿A punto de perder la calma? Prueba a salir a la calle y dar un par de vueltas a la manzana: Corriendo o no, eso ya depende de las ganas… ¿Imposible salir de casa? Saltar y hacer sentadillas da el mismo resultado… ¡En cualquier espacio!

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  1. Encuentra un espacio de intimidad para la pareja.

Adoro el colecho.

Y adoro también lo que dice el pediatra Carlos González, sobre la posibilidad de escabullirte de la cama, y hacer el amor en el sofá, en la cocina, o donde más nos apetezca; porque, oye, ¡el sexo no se acaba fuera de la cama!

Y quien dice sexo (¿eh? ¿eso qué era?…), dice ver una peli, darse un abrazo, acurrucarse en el sofá.

Pasa como con los espacios: Igual al principio no hace falta un fin de semana entero (igual un poco más adelante, sí), pero poner una peli a los peques y tener un ratito para haceros un masaje, o tomaros juntos un café, pude hacer maravillas.

Usar aquí el punto 3 es legítimo y muy recomendable, abuelitos deseosos de pasar una tarde con su nieta os lo agradecerán… Y según la edad, nietos deseosos de descansar una tarde de sus padres, ¡también, por mucho que nos escueza…!

 

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  1. Perdónate cuando tropieces.

A pesar de todo, de que aceptes, te organices, pidas ayuda, cuides de ti, de tu hogar y de tu pareja, de que practiques la calma cada día; habrá un momento en que la pierdas.

Harás y dirás cosas que luego te harán sentir realmente mal.

O ya habrás perdido la calma muchas veces antes (si no, seguramente no estrías leyendo esto), y ya te sientas fatal por ello…

Está bien. Estará bien. (Es buen momento para recordar el punto 1…)

Recuerda que todo el mundo necesita mimos y que nos abracen, sobre todo, cuando menos parecemos merecerlo. Tú, también.

Como dice Mónica Gutiérrez, en su libro “Recetas de lluvia y azúcar”,

Convierte la culpa en un error. Entonces, se aprende.”

Un nivel excesivo de culpa nos entumece la capacidad de reacción, y así, ni aprendemos, ni nada. Así que culpa, la justa, para estar alerta, saber que lo que pasó es importante; y aprender cómo ayudar(nos) para que no vuelva a suceder.

10.disfruta

  1. ¡Disfruta de la vida!

Hacer cosas juntos, jugar con tus hijos, mirar el parque, sentir el sol, reír… Celebrar un cumpleaños, una mañana, las buenas noches.

Míralos. Mírala. Míralo.

¿No es maravilloso, simplemente, que esté ahí?

La próxima vez que estés a punto de perder la calma, recuerda ese momento en el que te derretías de amor. Y cuando lo tengas, no dejes que se te escape.

Puedes dibujar en tu corazón una sonrisa y salir al mundo con ella puesta. Tú tienes todo el poder para mantenerla ahí, brillante, y dejar que ilumine todo tu día.

Y la elección es sólo tuya.

 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.
Redactado en enero de 2016
Publicado en MandalaSana.org en enero 2016
Reeditado para amapsicologia.org en enero 2018.
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El Síndrome de Pippi Calzaslargas. Sobre el amor, los límites y la libertad en la crianza respetuosa.

 

Tenía la casa más chula, el mono más chulo y el caballo más chulo del mundo entero.

Era y es el icono inconfundible de la libertad, la espontaneidad, la creatividad, la fuerza interior y la alegría desbordante.

Pintaba su casa como quería, se vestía como quería, comía cuando y donde le daba la gana, cocinaba disparates, dormía en cualquier sitio… ¡Pippi Langstrum molaba un montón!

… Y también, era una niña que vivía, comía, se vestía, cocinaba, y dormía… Sola.

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A lo largo de mi experiencia trabajando con familias, con diferentes tipos de estilos educativos y hábitos de crianza, he conocido padres y madres que, en pos de la libertad, la creatividad, la espontaneidad y el más profundo respeto por los procesos naturales de sus peques, los dejan tan libres, que… Los dejan solos.

No quiero decir con esto que yo esté, ni mucho menos, en contra del respeto por los procesos naturales, de la espontaneidad, la creatividad y la libertad de la infancia. Tengo el convencimiento profundo que un buen acompañamiento en la crianza, debe ser lo suficientemente holgado, como para dejar que todo lo bello y lo sabio que hay en el interior de nuestras hijas e hijos aflore. Y todo esto no es posible si la persona adulta está demasiado cerca.

Y también tengo el convencimiento, igualmente profundo, de que no es posible una crianza feliz, cuando la persona adulta está demasiado lejos.

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A veces, la línea entre la libertad y el abandono es tan fina, que nos cuesta verla. Y tenemos nuestra propia pelea interna con los (muchas veces) temidos límites… Confundimos autoridad con autoritarismo, protección con invasión, cuidado con sobreprotección Nos hacemos un lío, y dejamos a nuestras peques, creativas, espontáneas, libres… Y solas.

Respetar los procesos naturales es también estar atentas a las señales que nos mandan nuestros peques. Es conocer, en cada momento, cuáles son sus necesidades de apoyo, de protección y de cuidado; y brindárselas con todo nuestro amor y respeto. Y los límites, adecuados, bien colocados, bien aplicados; apoyan, protegen, cuidan… y miman.

Si no, ¿cómo íbamos a contener, a sostener, a arropar, a abrazar…? En el abrazo, nuestros brazos son límites, que contienen y arropan la emoción.

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Nuestra piel es el límite físico de nuestro cuerpo, y cuando nos falta, o está dañada, perdemos la barrera protectora de nuestro organismo: Cuando está demasiado seca, se agrieta y se resquebraja, luchando por dejar salir, o entrar, aquello que necesita intercambiar con el medio. Cuando la piel está sana, es flexible y permeable, permitiendo un intercambio saludable desde mi organismo, hacia el mundo.

Papá y mamá, o las personas adultas que están a mi alrededor, son esa piel que me contiene, me protege, me cuida; y que en una relación sana, es suficientemente flexible como para dejar pasar todo lo bueno que el mundo tiene para mostrarme, y todo lo bueno que yo tengo para aportar al mundo. 

Pippi Calzaslargas… No tenía piel.  

No tenía nadie que le dijera cómo hacer las cosas, qué comer, dónde dormir, o cómo vestirse. No tenía a nadie que le pintara la casa, nadie que le hiciera la comida, nadie que … Nadie.

Nadie a quien encontrar, cuando se cansara de pensarlo y de hacerlo todo a su manera, y necesitara un abrazo en donde descansar de tanta responsabilidad gigante que le había caído encima.

 

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa.

Familia, Educación y Crianza con Corazón

amapsicologia.org

 

 

Mamá, ¿Existen los Reyes Magos?

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Todavía no.

Pero sé que, ni pronto ni tarde, cuando a mi hija le de por pensar, por atar cabos; y le desaparezca una pizca del velo de ilusión que le tiñe el mundo magia, nos hará la temida pregunta.

Habrá crecido.

Más de lo que nos imaginamos.

Me imagino la punzada de dolorcito, del paso del tiempo, que nos avisará de que la infancia va quedándose, poco a poco e irremediablemente, detrás. Y el orgullo, también, de sentir que nuestra pequeña se hace saludablemente grande.

Nos mirará con sus ojos infinitos de cielo, y querrá saber.

Tal vez no sea la primera vez que pregunte. Pero algo nos dirá, que esta es la definitiva.

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… Y me imagino…

Que la tomaré de la mano,

Y la llevaré fuera, a la ventana, a mirar el parque.

Es una mañana de Reyes, el sol ilumina sobre el frío de enero, y las familias han salido todas juntas, a disfrutar de los juguetes recién estrenados.

Le diré, “¿Qué ves, mi vida?

Y ella, me dirá, “Niños.”

Le diré, “¿Qué más?”

Me dirá, “Están jugando con sus juguetes nuevos”

… Cochecitos, muñecas, pelotas, patines, bicicletas, teledirigidos, peluches, walkie-talkies…

“…¿Y qué más?”

Seguramente, ella esté triste. Seguramente, no querrá seguir el juego…

Yo la ayudaré:

“Mira bien, cielo. Mira: Niños, niñas, juguetes… Y sus mamás, sus papás; abuelitos, abuelitas, titas… ¿los ves? Están allí, un poco más allá, ¿ves cómo los miran jugar? ¿Ves cómo se sonríen, cómo se aprietan la mano, suavito, como si ellos también, estuvieran celebrando un juego?

 

“Míralos… Seguramente, habrá muchos que trabajen largas horas, en algún empleo aburrido y cansado, para poder conseguir lo que están mirando esta mañana. Seguramente, te lo aseguro, muchos ni siquiera habrán podido conseguirlo ellos mismos, porque no tienen ni un empleo aburrido, ni un empleo estupendo, ni nada, y habrán necesitado de la ayuda de muchas otras personas para lograr esa sonrisa en sus hijas. Muchos de ellos no han recibido regalos, ellos mismos, porque no se podía para más… Y lo que había, era para los peques. O no, y lo han tenido fácil, fácil el comprar tanta ilusión y belleza, y hoy lo celebran mirando a sus hijos jugar, jugando con ellos, como todas las demás familias.

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Sea como sea, en cada una de esas casas, ha habido alguien que se ha levantado de madrugada, ha abierto un armario, o una caja en el trastero, o el maletero de un coche, y ha colocado, con todo su amor, un regalo en el salón de casa. Luego, han mirado las caritas de los niños dormidos, y se han emocionado soñando, ellos también, con la ilusión de la mañana siguiente. Da igual cuántas horas hayan tenido que trabajar antes, da igual los malabares que hayan tenido que hacer, o no, para lograr ese regalo, por pequeñito que sea… La mañana de Reyes será una mañana mágica, por ellos, y para todos.

…Me preguntas si existen los Reyes Magos, mi vida… Sí, existen. Mira bien: El parque está lleno de ellos.”

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Me imagino que lo entenderá. Más, o menos, pero entenderá que es un momento importante, también mágico, de ritual, de cambio.

Seguiremos creyendo en los Reyes Magos. Pero de ahora en adelante, ella tendrá, también, el privilegio y el honor de ser uno de ellos.

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga infantil y familiar

Crianza Consciente, Vida Consciente.

http://www.amapsicologia.org

 

Comprender para Educar: Gestión Emocional para Educadores

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Términos como “Inteligencia Emocional”, “Educación en Emociones”, “Resolución de conflictos”… Están insertos en nuestro día a día como profesionales. Pero, ¿Sabemos realmente qué son las emociones? ¿Para qué sirven? ¿Cómo podemos ayudar a canalizar un enfado, una rabieta, una agresión? ¿Cómo gestionar estos procesos dentro de un grupo de niñas y niños?… 
Es complicado, muchas veces, dar cabida a los procesos emocionales de los niños y niñas, dentro de la dinámica de una escuela. Incluso, cuando esa escuela está enmarcada dentro de la pedagogía libre, contando con unas características que facilitan mucho este acompañamiento emocional; las personas adultas que cuidan de los procesos del grupo infantil, necesitan recursos, herramientas, y sobre todo, una formación personal, que les capacite para integrar este acompañamiento emocional en su día a día.
Con este taller de formación, se pretende tomar una mayor conciencia sobre los procesos emocionales en los niños, y la importancia para el desarrollo de los mismos, y del grupo; que tiene saber acoger estos procesos, sostenerlos, acompañarlos, y ayudar a gestionarlos de forma constructiva: Desde el respeto y el amor.
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Bienvenida, Tristeza

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¿Qué tememos de la tristeza, que la huimos, la rechazamos, la disfrazamos, la negamos, la dejamos escondida, bien dentro, donde nadie (ni nosotras mismas) pueda verla…?

Esta semana os dejo un pequeño relato, de reconciliación con la tristeza, de apertura a sus mensajes. Deseo lo disfruten, triste o felizmente: Lo que sea que haya, bien estará.

Abrazos de luz!

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Bienvenida, tristeza

“Este instante.

En el que pienso escribirte una carta explicándote lo triste que, de repente, sin ninguna razón, me encuentro.

Y decido entonces aceptar mi tristeza, abrazarla, y sentarnos juntas a observar qué ocurre.

¿De dónde has venido, tristeza?

De muy lejos, me responde ella.

Estás cansada, ¿verdad?…

Sí, me dice.

Y se quiere vestir de muerte, para asustarme, para hacerse ver más todavía; para que no me olvide de ella, para darse importancia, para que la mire.

No hace falta que hagas eso, tristeza. Mira, ya estoy aprendiendo a mirarte sola. Te miro, te hablo, te escucho, escribo sobre ti. No hace falta que te disfraces de miedo y muerte. No es necesario que me amenaces: Ya te veo. Y está bien así; tampoco hace falta que te justifiques.

Simplemente, estás aquí, conmigo.

Ah, porque… No te equivoques: También sé que tú no eres yo.

Así que siéntate a mi lado

pero no encima mía.

¿Estás más tranquila?

Está un poco perpleja, quizás, me parece. Se ha quedado sin habla… Ah, no, espera: Mi tristeza no tiene boca para hablar. Tiene unos ojos grandes de agua… Es hermosa, mi tristeza.

Le acaricio el pelo. Largo, lacio, oscuro. Otra vez quiere darme miedo. ¡Qué cercana está del miedo, esta tristeza mía!

¿Será que me estoy confundiendo, y es miedo y no tristeza, lo que hay?

 

Tristeza se instala en mi pecho.

Ahí, justo en el medio, como una hija buscando consuelo en el regazo de una abuela.

Y sube por la garganta, hasta los ojos, y sale salada como un mar minúsculo en forma de lágrimas.

Ahí está, agarrada a mi pecho, a mi cuello; es ella la que tiene miedo, y no se quiere soltar.

Es inútil preguntarle por qué está aquí.

¿Acaso sabemos nosotras por qué existimos?…

Quizás pueda preguntarle con quién ha venido. Qué hermano mayor, qué pensamiento, la ha traído de la mano.

Y la mente se pone de contenta… ¡por fin va a fijarse en mí! ¡Ya era hora, deja de mirar para abajo, no te das cuenta de que las emociones bailan adonde Yo las lleve?!

Ah…. mente, mente, mi vieja amiga.

No te pongas ahora tú el traje de importante. No quieras asustarme con esa careta de amenaza. No pasa nada, ¿ves?, también me siento contigo. Hala, ya está, cada una a un lado.

Tristeza, mente, aquí estamos las tres.

Porque sí, es cierto: Yo no soy ninguna de vosotras.

Y no siendo ninguna de vosotras es como puedo veros. A mi lado. Y tomaros de la mano, y no dejarme llevar por vosotras, y no ahogarme en el torbellino de vuestra danza loca.

O si, cuando así lo decida; pero cuando lo decida yo.

Hoy no quiero bailar. (¿O sí?)

Hoy quiero veros, respirar con vosotras, daros vuestro espacio y permitíos caminar a mi lado, si os apetece acompañarme.

No voy a correr para dejaros atrás. Hoy no.

No voy a mirar hacia otro lado.

Sé que entonces sólo conseguiría que os pusierais todos vuestros trajes, que mente me acribille con pensamientos, que tristeza se aúpe en ellos y se asuste, y se agarre más fuerte a mi pecho; y todo eso no es necesario.

Tristeza, eres hermosa. Te miro y te acepto. Es cierto que yo no soy tú. Y también que eres parte de mí. Que eres, como la mente y el miedo, compañera mía.

Y si hoy quieres venir a visitarme, bienvenida seas.

No voy a luchar contra lo que quieras enseñarme.

Muéstramelo.

Aquí estoy, dispuesta a recibirlo.”

 

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En los niños, es importante validar todas sus emociones, y dejarles también su espacio. Los adultos tenemos la tarea de aprender a aceptar las nuestras, para poder aceptar y acompañar las de ellos.

 

Ana Martínez Acosta

Psicóloga, especialista en Infancia y Familia.

Crianza consciente, Vida Consciente.

http://www.amapsicologia.org

 

Desenredando Enfados. Cómo acoger conflictos con amor.

 

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Son las siete cuarenta y cinco de la mañana, tenemos que salir ya para ir a trabajar, y llevar a la peque al cole. Sabemos, además, que cinco minutos más no son cinco minutos tarde, sino veinte, porque tenemos controlada la salida en masa de los coches que colapsarán la carretera en exactamente cuatro minutos. Pero nuestra amada peque necesita ponerse los zapatos rosas, justo esos y no otros, y no los encuentra. Mamá está en la puerta, la peque corriendo por la casa, y en ese momento, en el que realmente lo que queremos es meternos en la cama hasta que sea viernes otra vez… ¿Qué hacemos?

Herramientas y recursos concretos para solucionar conflictos hay muchos, pero no olvidemos que el principal motor de todos ellos somos nosotras: Las personas adultas que están frente a ese niño desbordado, que a veces  nos pone a nosotras, también, al borde de nuestra capacidad de reacción. El enfado puede ser como una inmensa madeja de lana, pegajosa, que nos va rodeando más y más, a medida que crecen los nervios, las prisas, las palabras feas, el tono de voz… Tanto los nuestros, como los de los niños, que recogen en su madeja lo mismo que le vamos lanzando, y nos lo lanzan otra vez.

¿Qué necesitamos para solucionar un conflicto de la manera más respetuosa y amorosa posible, y hacerlo de forma eficaz? Primero, crear en nosotras mismas una buena actitud. Para afrontar la situación de manera positiva, colaborando en el “desenredo”, y no en enredarnos más.

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Las Ocho Ces son ocho cualidades que necesitamos para lograr la actitud ideal que envía a las peques el mensaje más respetuoso y cariñoso, y nos permite resolver la situación conflictiva de forma amorosa y eficaz. (Y las he llamado así porque, curiosamente, todas empiezan por la letra Ce)

Veamos cuáles son…

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1. Consciencia

…de que está ocurriendo un conflicto. Requiere de cierta dosis de sensibilidad, de capacidad para captar las señales que nos envía nuestra hija, o las características de la situación . Darnos cuenta de que algo está pasando, algo importante, algo que puede desembocar en un conflicto, o que ya estamos en él. Es el momento de prepararnos, respirar, y acordarnos de “activar” las otras siete “Ces”.

 

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2. Calma

Respira. Encuentra ese rinconcito luminoso que guardas para ocasiones como ésta. (Es importante tener las reservas de esta Ce siempre, al menos, medio llenas. Para ello, puedes tener en cuenta las diez claves para lograr ser un adulto tranquilo de este otro artículo)

 

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3. Comprensión

De la situación, de la emoción, de nuestro hijo o hija, de sus motivos, de los nuestros… Para esto hay que conocer. Conocernos, primero a nosotras. Dónde están mis límites, cuál es mi necesidad. Cuánto de importante es lo que necesito, cómo de enfadada o nerviosa estoy en este momento, cuánta tranquilidad me queda para empezar a gritar…

Y conocer a nuestro hijo. Qué le sucede, qué está sintiendo, qué puede necesitar… (Vale. Si supiéramos todo esto, tal vez no estaríamos en un conflicto ahora mismo… Pero, al menos, poner la intención en saber lo que está ocurriendo, nos ayudará a resolverlo.)

 

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4. Corazón

Estar conectadas con el amor hacia nuestras hijas es la mejor manera de resolver un conflicto, sea el que sea. Es la clave de la empatía y de encontrar la calma, y también de la comprensión. Es la conexión con nuestra sabiduría interior, con nuestro poder más íntimo, que siempre tiene una buena respuesta. Es cuestión de práctica, cuidado y escucha, que podamos llegar a oírla… A oírnos. Y es bueno tenerlo en cuenta, aunque tal vez, no siempre podamos hacerle caso tal cual. A las siete cuarenta y cinco de un lunes, seguramente nuestro corazón nos dirá que agarremos a nuestra peque, busquemos juntas los zapatos rosas, y nos metamos en la cama grande, con ellos puestos, hasta las diez… Y eso, no siempre lo podremos hacer. (…¿O sí?… Los peligros de escuchar a nuestro corazón es que muchas veces, no hace cuestionarnos tantas cosas…)

 

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5. Creatividad

Esto de la maternidad es una ciencia que no tiene nada de exacta. Lo que funciona hoy a la perfección es un desastre mañana, y puede que dentro de tres meses, vuelva a ser la panacea universal (así que no deseches recursos… si funcionaron una vez, pueden volver a hacerlo!).

La creatividad es una de las características más valiosas que puede tener un padre, porque nos saca de los apuros más insospechados. Desenredando enfados, es igual. Respira, mira, siente, comprende; y déjate llevar por tu instinto. Hay muchísimas herramientas y recursos que se pueden usar a la hora de acoger y resolver un conflicto (hablaré de ello en otro artículo, más detenidamente), pero la elección de cada una en cada momento, y más aún, crear una nueva a la medida de lo que está sucediendo en ese instante, es fruto de nuestro sentir, y de nuestra imaginación.

 

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6. Consistencia

La consistencia es esa presencia que transmite calma, seguridad, confianza. Transmite a nuestros peques que la situación está bajo control, que por muy enfadado que esté, papá o mamá sigue ahí, con la capacidad de sostener la emoción, la propia, y la del peque; y que vamos a resolver la situación.

El adulto es un refugio, un lugar seguro, en el que el niño, sobre todo en situación de conflicto, necesita poder encontrar cobijo, si le hiciera falta. Si el conflicto es con nosotras, probablemente no quiera estar cerca, o si se acerca sea para agredirnos, incluso: No importa. Sigue necesitando que seamos un lugar seguro para poder resguardarse, en ese momento, o después. El tema de la agresión hacia nosotras es delicado y merece una atención especial; que le dedicaré en otro artículo. Por ahora, baste decir que parte de la consistencia la conseguiremos siendo coherentes con nosotras mismas, que es la siguiente Ce. (Y si para nosotras es importante que no nos agreda, siendo coherentes con ese principio, no le dejaremos hacerlo.)

  

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7. Coherencia

Tiene mucho que ver con la anterior Ce. Si hemos decidido algo, decidido está. Nuestra seguridad, transmite a nuestra peque la seguridad que ella necesita para poder salir del enredo emocional.

Para poder sostener la situación, y que nuestra hija pueda apoyarse en nosotras para poder salir también, necesitamos tener claro hacia dónde vamos, e ir.

Esto no quiere decir que no podamos cambiar de opinión, que no podamos ser flexibles; si es que, en nuestra comprensión de la situación, vemos que nuestra primera decisión no es la más adecuada, y que mejor tomamos otra dirección. Quiere decir que, si hemos cambiado de opinión, hagamos eso otro, con decisión. (En los cambios de opinión, en general está bien verbalizarlo, de forma positiva, para seguir siendo coherentes: Si hemos dicho en un principio, “Cielo, da igual con qué zapatos vayas, no voy a esperar ni un minuto más”, y ha pasado un minuto, (o, generalmente, más…), y seguimos en la puerta; podemos decir “¿Aún sigues buscando? Vale, no me había dado cuenta de que era tan importante para ti. Voy a ayudarte a buscarlos un par de minutos más, y si no los encontramos, te tendrás que poner otros, y nos iremos.” Y, siguiendo con la coherencia, hacerlo entonces así.)

Cuidado, pues, con las decisiones. Está bien, por eso, primero tomar consciencia, evaluar la situación para comprenderla, respirar, y conectar con el corazón antes de decidir cómo seguir. (¡No te agobies! Se hace en milésimas de segundo, con un poco de práctica. ¡Somos seres casi mágicos, los papás y las mamás!)

 

 

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8. Celebración

Si salió bien, por lo bien que salió. Y si salió mal, porque lo necesitamos más que nunca: A veces, cuando menos nos merecemos un abrazo, es cuando más lo necesitamos.

Es el momento de recordar a nuestros hijos que los queremos por encima de todo, se “porten bien” (se sientan bien) o se “porten mal” (se sientan mal); pase lo que pase, estén como estén… Sean como sean. Les amamos.

Celebrar (con un abrazo, un postre especial, un cuento, un baño agradable, un paseo…), sirve para alquimizar la energía potente y tensa de un conflicto, y transformarla en una energía amorosa y tranquila. De esta forma, la próxima vez que se avecine un conflicto, recordaremos esta última energía, y estaremos todos mejor predispuestos a sostener la situación, desde el amor y las “Ocho Ces”.

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Ana Martínez Acosta

Psicóloga. Terapeuta infantil y de familias. 

http://www.amapsicologia.org